Ricardo III

CRISIS: Rueda de prensa en el Teatro Arlequín de Madrid


Sector teatro al borde del precipicio

Los afectados denuncian además irregularidades en las contrataciones teatrales.
Los afectados denuncian además irregularidades en las contrataciones teatrales.

La denuncia que un grupo de profesionales del teatro interpuso ayer contra el Festival de Mérida por impagos en su pasada edición es, por desgracia, solamente la punta del iceberg de la situación crítica e insostenible a la que muchas compañías teatrales se han visto abocadas, ahora que la crisis ha suprimido la liquidez de muchos Ayuntamientos y ha obligado al tijeretazo en las subvenciones.

El caso del Festival de Mérida es tristemente ilustrativo a este respecto. En su pasada edición, la muestra ha arrojado un déficit de más de 750.000 euros, que habrán de sumarse a una deuda acumulada que oscilaría entre los 2 y los 4 millones de euros. Este nefasto balance de cuentas llevó a la dimisión a las directoras del Festival, Blanca Portillo y Chusa Martín pero también dejó sin cobrar a muchas de las compañías que presentaron su trabajo allí. Actualmente, la celebración del Festival de Mérida, uno de los más prestigiosos que se celebran en nuestro país, está en el aire de cara al año que viene.

Desafortunadamente, el de Mérida no es el único caso. En muchos puntos a lo largo de la geografía nacional, las compañías teatrales están afrontando situaciones similares ante la falta de fondos de los Ayuntamientos o ante su negativa a pagar. Muchas de estas agrupaciones no han tenido más remedio que disolverse; otras siguen en el alambre, aunque cada vez más, decididas a luchar por el dinero en los tribunales. Algo que añade indignidad a la situación es que muchos consistorios, que arrastran deudas desde años, siguen contratando compañías de teatro. Por suerte, cada vez son menos las que les hacen el juego.

Ante la situación, se han escuchado algunas voces que apuntan la posibilidad de que las compañías cobrasen según lo recaudado en taquilla, aunque la mayor parte del sector rechaza esta solución. Las salas, dicen, no se llenan y aún en el caso de que se llenasen, lo que llegaría a las compañías sería muy poco dinero, puesto que los intermediarios también recogerían su parte. Este sistema también podría provocar una crisis creativa, ya que solamente serían viables los espectáculos con el éxito asegurado y no las propuestas de más riesgo.

Y es que a los problemas de liquidez de los Ayuntamientos y a la pelea constante entre compañías y salas de representación hay que sumar el recorte que han sufrido, en casi todas las administraciones públicas, las subvenciones destinadas a las artes escénicas. Este dinero, que además de ser menos suele llegar con retraso, es en muchos casos el único recurso con que cuentan las compañías teatrales para seguir desarrollando su trabajo. El panorama, pues, no podría ser más sombrío. Pero la movilización del sector deja, al menos, un resquicio a la esperanza.

Luis Villa, abogado de los afectados, ha arremetido contra estas Instituciones por cometer todas estas irregularidades, apuntando que de producirse en empresas privadas o particulares, serían inmediatamente sancionadas.

El Colectivo, que no descarta interponer una demanda judicial, pretende conseguir antes de recurrir a los Tribunales, algún tipo de acuerdo con el Gobierno Central y la Junta de Extremadura, dos de los responsables del Festival emeritense.

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