Ricardo III

CRÍTICA: De jueves a domingo, en el Teatro Fígaro


"Ser papá" merece mucho la pena

  • Actualidad
  • 17/11/2014
  • José Ángel Janeiro
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"Ser papá".
"Ser papá".

¡Sí!, aunque no te lo creas, los pechos de tu pareja acaban siendo invisibles, los niños pequeños defecan y ¡de qué manera! (incluso los nuestros), y hasta el sexo deja de ser el deseo más irrefrenable que sientes al meterte en la cama junto a un hermoso cuerpo desnudo del sexo contrario. ¡Como lo oyes, despierta ya!, ser papá es lo que tiene.

El jueves se estrenó en España "Ser papá", una criatura en forma de texto que Bjarni Haukur Thorsson dio a luz en Islandia en el año 2007 y que, desde entonces, no ha parado de hacer reír y confraternizar con padres, madres y también con futuros progenitores de todas las partes de Europa deseosos de experimentar este maravilloso don de la naturaleza, que no está exento, en absoluto, como nos recuerda durante una hora frenética un estupendo Raúl Cano, de todas las servidumbres y tribulaciones con la que nos llega este regalo del pico de nuestra amiga la cigüeña.

Gabriel Olivares ha dirigido la adaptación del texto original realizada por Nancho Novo, privilegiado conocedor de las reacciones del público general ante sentimientos universales de este tipo que nos llevan acompañando desde la mismísima caverna.

"Ser papá" es una divertida comedia que se enfrenta desde el principio a la dificultad de tratar un tema súper conocido, hándicap del que logra salir muy bien parada gracias al brillante e inagotable trabajo que realiza Raúl Cano, que se basta y se sobra para hacer de padre, de madre, de médico, de comadrona e incluso de neonato en ese momento estelar en el que el feto se abre camino, no sin pocas estrecheces, en la metamorfosis inicial que nos lleva de la oscuridad de la nada a la luz de la vida.

Sesenta minutos intensos donde Raúl Cano, como digo, destacando por encima del propio texto, pone los momentos más sobresalientes en alguna escena que parece verdaderamente estar hecha en cámara lenta, o en esa hilarante primera visita al ginecólogo-urólogo donde las manos (y también el dedo escrutador) hablan por sí solas.

"Ser papá", se lo aseguro, le puede pasar a cualquiera, pero, de verdad, por experiencia, nada merece más la pena.

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