Ricardo III

REPORTAJE: Una radiografía del festival de teatro alternativo


Surge 2015: Las salas hacen balance

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  • 13/05/2015 : 13:30
  • Daniel Ventura
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Surge 2015.
Surge 2015.

Veinte espacios, 48 espectáculos, casi 150 funciones... Eso fue la muestra Surge en 2015, su segundo año de vida. Concebido la temporada pasada como oportunidad para la visibilidad del teatro alternativo que se lleva a cabo en la Comunidad de Madrid, Surge tuvo un nacimiento problemático. Una organización demasiado apresurada, protestas sobre el presupuesto, falta de un criterio artístico que definiese la selección de la programación, un volumen apabullante... No fueron todos, pero si fueron mayoría los que, habiendo participado en la primera edición de la muestra, pusieron en el debate algunos de estos asuntos. Con diferentes grados de acidez sobre el trabajo de la Comunidad y los dos comisarios de la muestra, Alberto García y Natalia Ortega.

Desde fuera, y mirando el programa de Surge 2015, uno podía sacar dos conclusiones: que algunos de los que más amargamente criticaron la primera edición no estaban en la segunda y que ciertos aspectos problemáticos del comienzo se habían, de alguna manera, solucionado en el segundo escalón de la muestra. Este reportaje, elaborado a través de entrevistas con los responsables de las diferentes salas participantes en Surge 2015, quería saber cómo había funcionado la muestra a juicio de quienes han participado en ella. El balance general es que “la cosa” ha mejorado. Con muchos matices.

Nos parecía importante recoger todas las voces posibles, y por eso llamamos o escribimos a todos. No todos han respondido, pero creemos que los comentarios y reflexiones de quienes sí lo han hecho son lo suficientemente interesantes como para que el reportaje vea la luz. ¿Quiénes hicieron caso a nuestra llamada? Borja Vera, de la Sala Tú; Pury Estalayo, de Teatro Tyl Tyl, Ángeles Bouzas, de Teatro del Arte; Ángel Málaga, de Espacio Labruc, Gabriel Molina, de La Usina Teatro; Miguel Torres, de Teatro Lagrada, Álvaro Moreno, de Nave 73, Almudena Montero, de Teatro del Barrio y Emi Caínzos, de Bululú 2120. Insertar todos sus comentarios en este texto habría sido imposible, pero como en sus palabras hay mucho de interesante y muchas oportunidades para la reflexión, ofrecemos los comentarios íntegros de cada uno de ellos, organizados en torno a la tres preguntas básicas de cada una de las entrevistas. Puedes acceder a ello pulsando aquí.

Una satisfacción moderada

Surge es, o quiere ser, la gran cita para compañías y salas que viven todo el año en el alambre. No sólo porque su apuesta, variada pero en la mayoría de los casos decididamente al margen de lo comercial, les deje en el arcén de los circuitos culturales y de ocio mayoritarios en Madrid. También porque la Comunidad de Madrid, que alienta la muestra, o el Ayuntamiento de la capital, no han mostrado hasta ahora una especial sensibilidad para clarificar aspectos burocráticos que penden sobre las salas como letales y diarias espadas de Damocles. Sentado esto, lo primero que había que preguntar era cómo había funcionado la programación Surge en cuanto a público y taquilla.

“Nuestro balance es muy positivo”, explica Borja Vera, de la Sala Tú: “Hemos descubierto propuestas interesantes y hemos llenado la sala casi todos los días”. También es muy bueno el balance de Ángel Málaga, uno de los responsables del Espacio Labruc: “Los tres montajes que hemos programado en el marco del festival han tenido muy buena acogida y han llenado casi todos los días” o el de Álvaro Moreno, de Nave 73: “A nivel de taquilla ha ido muy bien. Apostamos por cuatro montajes y el público ha respondido de maravilla”. Moreno apunta un aspecto muy a tener en cuenta a la hora de valorar el éxito de un festival con objetivos de visibilización:

“Hemos visto mucha gente nueva, muchas caras desconocidas entre el público. Quizás también por las características de las obras”, explica, “hemos visto a gente que iría a un teatro comercial tradicional viniendo a una sala alternativa como la nuestra”. Ángel Málaga también observó algunas caras nuevas entre el público que acudía a su sala: “Aunque el público, como ya pasó el año pasado, era en su mayoría el habitual, hemos visto gente nueva que se acercaba al teatro porque había visto lo de Surge por internet o alguna otra vía”. La satisfacción de Pury Estalayo, del Teatro Tyl Tyl de Navalcarnero, también tiene que ver con el tipo de público: “Nosotros estamos contentos. Por la calidad de la propuesta que estrenamos en el marco de la muestra y porque hemos atraído al público joven, uniendo el teatro con la educación, que es algo que nos interesa mucho. Han venido grupos organizados de Universidades e institutos y hemos cumplido los objetivos que nos habíamos marcado”.

Para Ángeles Bouzas, el balance es algo menos positivo: “Surge 2015 ha funcionado un poco en la línea del teatro: no demasiado bien”. Ella, una de las impulsoras y responsables del Teatro del Arte, apunta ya desde el comienzo uno de los problemas de la muestra: el exceso de programación. Pero analizaremos ese punto más adelante. De momento, nos fijamos en que Miguel Torres, del Teatro Lagrada, coincide con ella en señalar que la respuesta de taquilla a la programación de Surge ha sido irregular en su sala: “Lleno pleno en algunas funciones y media entrada en otras. Aún así, el balance es bueno”. Exactamente lo mismo señala Almudena Montero, de Teatro del Barrio: “Nosotros tuvimos dentro del surge "Una ficción sobre la realidad", de Alberto San Juan, "El deseo de Elisa" y "Anónimas". Y la verdad es que las tres han estado flojas en cuanto a público y taquilla”.

La alegría y la tristeza, por lo tanto, va por casas. Pero si hay una “prueba del algodón” para medir el éxito de los montajes, ésa es la de prórroga. En una cartelera cada vez más acostumbrada a la renovación permanente, el hecho de que una obra aguante en cartel habla de su fuerza en taquilla tanto como de la paciencia del programador. Gabriel Molina, de La Usina, explica que “las cuatro obras programadas para Surge [“Wichita Falls”, “Vacío”, “Dejadme en paz” y “Hamlet, esa es la cuestión”] van a continuar en cartel fuera de la muestra”. Lo mismo va a pasar en la Sala Tú, donde “Aurora Teatro” y “Quién mampara” han ampliado fechas más allá de los márgenes de Surge, o en Espacio Labruc, donde también hubo más funciones de “Teresística”.

Ser más pequeño para ser mejor

La sensación general es que Surge 2014, la primera edición, había sido un 'totum revolutum' bastante caótico. ¿Y 2015? La idea es otra: todos coinciden en que la organización ha sido mejor, en diferentes grados según quien hable, que el primer año. En ello ha tenido que ver, en primer lugar, la previsión. “Natalia (Ortega) y Alberto (García) [comisarios de la muestra] idearon una estructura muy buena que luego los políticos, que no saben de arte, se encargaron de echar un poco por tierra pidiendo cambios y cambios de última hora”, señala Borja Vera. Esa idea la refrenda Gabriel Molina, de La Usina: “En la primera edición hubo que inventar muchas cosas y hubo que dar forma a una estructura que permitiese que la muestra saliese adelante. Se trataba de no dejar pasar una oportunidad. En esta segunda edición, por lo menos en nuestro caso, las cosas se han hecho con mucho más tiempo”.

“El año pasado fue una hostia pero sirve para aprender. Y este año, lo mismo. Hay cosas que no estaban bien pero hay otras que están bien. Lo que está claro es que está mucho mejor que el año pasado”, apunta Álvaro Moreno, de Nave 73. ¿Qué sigue sin estar bien? No es fácil encontrar un consenso tan fuerte como el que existe sobre la idea de que Surge tiene demasiada programación. Ángeles Bouzas lo plantea por la vía directa: “La principal pega de Surge es la multiprogramación... De alguna manera abrumamos al espectador. Y que no hay público para tanta oferta: no es que no haya gente que quiera ir al teatro, es que a la gente le han destrozado el bolsillo y 12 euros, ahora, es mucho dinero”.

La idea es que que el festival sea más pequeño para ser mejor. “De estrenar 100 espectáculos a estrenar 50 y de que participen 50 salas a que participen 20, creo que ha habido un cambio significativo, y a mejor, claro”, afirma Ángel Málaga, de Espacio Labruc. Borja Vera también cree que la situación ha mejorado con respecto al año pasado, cuando “la programación era abrumadora, yo no sabía ni dónde tenía mi sala”. En Nave 73 también lo tienen claro y Álvaro Moreno sube la apuesta: “Surge sigue siendo una muestra sobredimensionada y desde nuestra sala seguimos apostando por una reducción de la programación. Porque eso se traduciría en una mejora de presupuesto para las compañías para hacer cosas más cubiertas”.

Por ahí llega otra de las claves organizativas de Surge: el presupuesto. Este año ha habido más dinero para menos participantes: 200.000 euros. En la primera edición, los organizadores tuvieron que repartir 160.000 euros entre muchos más participantes y, como señala Emi Caínzos, de la sala Bululú 2120, sin un criterio nítido: “El año pasado hubo mucha confusión en esto. A los organizadores de la muestra les habían pedido que fueran sensibles a todo lo que hubiese y no había un criterio claro sobre cómo repartir. ¿Qué hicieron entonces? Pues tomar el número de butacas como baremo. Para este año, han cambiado el baremo porque se han dado cuenta de que el número de butacas no es la clave. Con el cambio, nosotros por ejemplo hemos recibido algo más”.

No es la única sala que ha percibido una mejora en las ayudas incluidas este año en el programa Surge. Ángel Málaga lo afirma: “Este año se ha meditado mucho más la participación. Y económicamente, para las compañías, también ha sido mejor”. Y Gabriel Molina lo refrenda: “En esta segunda edición, por lo menos en nuestro caso, las cosas se han hecho con mucho más tiempo y la financiación ha mejorado, tanto para las salas como para las compañías”.

Ángeles Bouzas no es partidaria, en todo caso, de que toda la responsabilidad sobre la calidad de la organización recaiga en los números y en los comisarios que tienen que encargarse de repartirlo: “La organización ha mejorado respecto al año pasado, pero somos las propias salas las que tenemos que hacer examen de conciencia y recapacitar. Sabemos las cosas con tiempo y lo suyo es que empecemos a trabajar ya para saber qué vamos a programar el año que viene y por qué vamos a apostar. No vale con coger los 1000 o 2000 eurillos y levantar una producción barata. Tenemos que apostar por la calidad y tener mayor cuidado en la selección”. La idea, que el Surge no se convierta en territorio para los “caza-subenciones” (Emi Caínzos dixit), que “refleje mucho mejor el riesgo, la búsqueda artística que es su característica fundamental”, concluye Álvaro Moreno.

Hay que darle tiempo al tiempo

“El pro de Surge es muy importante: que se posibilita, que se abre un cauce para que se muestre lo que están haciendo los creadores jóvenes y se apoya a espacios escénicos que están luchando por salir adelante. Como creadora veterana y corresponsable de una sala consolidada, esto me parece fundamental y es un “pro” tan importante que de alguna manera está por encima de esas cuestionas en las que habrá que seguir trabajando y en las que seguro que se seguirá trabajando”. El comentario es de Pury Estalayo, de la sala Tyl Tyl, y sintetiza algo muy perceptible si se toman en conjunto las declaraciones de todos los interesados: la voluntad de no hacer daño. No es, supongo, una conjura para tratar con benevolencia los pros y los contras de la muestra; creo, más bien, que es la conciencia de que hay mucho en juego. Surge, con sus virtudes y sus defectos, es de momento la apuesta más clara por lo alternativo en Madrid.

Visibilidad, visibilidad, visibilidad. Ése es el concepto y el objetivo clave. El que todos aquellos con los que hemos hablado ponen por delante a la hora de valorar Surge. Gabriel Molina, del Teatro La Usina, lo concreta así: “No existía en la Comunidad de Madrid una iniciativa que apoyara de modo directo a las salas y compañías pequeñas que trabajan todo el año para sostener el teatro. Esa carencia es la que viene a cubrir Surge. La muestra tiene otro punto a favor, y es que las obras programadas deben ser estreno. Eso es un incentivo para que las compañías se pongan a trabajar y pone en marcha procesos creativos interesantes. Es verdad que se podría trabajar con mayor financiación, pero este punto a favor es clave, porque ¿adónde irían las compañías emergentes, algunas muy interesantes, sin las salas pequeñas? A ningún lado”.

No es el único que lo ve así. “Como pros, que viene bien para que algunas compañías pongan en pie su trabajo y que siempre es positivo que se preste algo de atención a estas salas alternativas que están un poco dejadas de la mano de la Administración, en una especie de limbo legal, pero en las que se trabaja mucho y se hacen las cosas legalmente. La verdad es que no le veo ninguna contra, porque todo lo que sea ayudar me parece bien, venga de quien venga”, señala Borja Vera desde la Sala Tú. O Álvaro Moreno, de Nave 73: “El gran pro de Surge es evidente: dar visibilidad a un movimiento underground o alternativo que forma parte de panorama cultural de la ciudad y que acaba llegando a la sociedad a través de muestras y festivales como éste. Nuestra sala es joven y no nos preocupa si Surge vino a sustituir otras cosas que se acabarían por las causas que fuera. La necesidad de hacer visible todo esto que hacemos durante todo el año es importantísima”.

Un mes no es suficiente, pero un mes es algo. Y por eso todos parecen convencidos de que a Surge hay que cuidarlo. Tiempo y cariño. Ángeles Bouzas lo dice claro cristalino: “Vamos a ver, es que Surge es un festival muy joven. No podemos esperar que, en dos años, sea ya el festival ideal y su funcionamiento sea perfecto. La cuestión es que dure y que las cosas vayan mejorando año a año. Si lo conseguimos, dentro de cinco o seis años, Surge será un señor festival”.

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