Ricardo III


"Tres deseos". ¿De verdad que los quieres?

Tres deseos, parece fácil. Todos deseamos cosas. Hasta deseaba que algún día me dijeran eso de: pide tres deseos. Hasta hoy que fui un espectador más de “Tres deseos” en el Teatro Arenal, y me he convencido de que poder desear algo y que se cumpla podría ser un tremendo error. Por ejemplo: Primer deseo. Sale el hado Óscar vestido de verde y verde (lo que me va dando idea de sus tendencias más ocultas) y se monta un numerito de baile con sus dos danzantes, y enseguida echo en falta un poco más de escenario, mayor elevación, más atrezzo, decorados… Pero no, deseo incorrecto, porque al poco me sorprendo con ...

Segundo deseo. Una mujer que se esconde tras unas gafas de secretaria, moño de andar por casa y traje de funeral, y entonces mi imaginación se lanza a darle un look más sexi para poco a poco ir aliviándola de ropa. No, no, no, deseo mal enfocado. La mujer termina...

Tercer deseo. Me está gustando el espectáculo. El hado, una mezcla del sombrerero loco y el maestro de ceremonias del Kit Kat Club, otorga los deseos que le solicitan, y después de enjoyar a Azucena Alonso, (un diamante en bruto como guionista, directora y actriz) se despide del público dando un corte brusco a la función. Y deseo que no sea verdad, que no se acabe el espectáculo. Y lo que pido, se cumple. Y por tercera vez se me encoge el ánimo haciéndome dudar en la bondad de lo que anhelo, cuando de pronto veo que las butacas se van quedando vacías a mi alrededor, y me planteo si no seré yo la única persona de la sala que ...

Un sorprendente guión que me ha hecho pasar un buen rato, y una compañía, la de “amor y chocolate”, que disfruta con su trabajo. Así que, como dice la canción de despedida, “Don´t stop me now cause Im having a good time”, y yo añado también siguiendo al gran Freddie MercuryShow must go on”.

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