Ricardo III

ACTO: El lunes, en la Residencia de Estudiantes


Una Academia sin rigideces

La idea de "Academia" suele ser incompatible con la de frescura, cercanía o llaneza. No es casualidad que "académico" tenga una acepción positiva y otra menos, la que hace referencia a algo así como envarado, engolado, aburrido. "Grisoso", que habría dicho Gómez de la Serna o diría Luis Piedrahita. La Academia de las Artes Escénicas de España rompió ayer esos tópicos con uno de sus primeros actos públicos, en la Residencia de Estudiantes: la entrega de la distinción como Miembros de Honor a diez de sus integrantes. Fue un acto sencillo, desprotocolado y amable. Una expresión quizás de la "cordialidad" a la que se refirió José Luis Alonso de Santos, Presidente de la Academia, como reina de todo el camino recorrido por la institución.

El objeto de la ceremonia, que tuvo su mayor virtud en tener poco de eso, de ceremonia, era entregar una placa distintiva al dramaturgo, escenógrafo y director de escena Francisco Nieva; al actor y director teatral José Luis Gómez; al teórico teatral y dramaturgo José Monleón; al director teatral Lluís Pascual; al bailarín y coreógrafo Nacho Duato; a la actriz Nuria Espert; al tenor y compositor Plácido Domingo; a la mezzosoprano Teresa Berganza; al bailarín y director Víctor Ullate y a la actriz Concha Velasco. Diez grandes nombres de las artes escénicas españolas a los que la Academia brindaba un homenaje atípico desde su fundamento: los nombres de los distinguidos no habían sido elegidos por la Junta Directiva, tal y como indican los Estatutos de la Academia, sino en una votación directa entre los 240 académicos que la forman.

Lo que pudo haber sido una liturgia pesada fue una velada como en confianza, un poco caótica pero divertida. El tono de alguna manera lo marcó Fermín Cabal, que estaba allí para leer una carta de agradecimiento de Francisco Nieva y lo hizo a duras penas, interrumpido por llamadas desde Pekín, en cuyo aeropuerto se desesperaba sin pasaje un hijo suyo. En su texto, Nieva agradecía la distinción como "un reconocimiento a la escritura teatral" y deseaba a la Academia una "larga vida". Ángela Monleón leyó una emocionante carta de José Monleón, su padre, en la que éste defendía el teatro como alimento de la libertad y la democracia. Un compañero de Víctor Ullate leyó su agradecimiento y el coordinador de la Academia, Andrés Salesa, leyó en su móvil un mensaje de Nacho Duato desde Milán. Hubo palabras de tributo y recuerdo para Andrea D'Odorico, recientemente fallecido, y que será homenajeado por la Academia próximamente. El resto, por salud, trabajo u otros compromisos, no estuvo.

De esta manera, el único de los nuevos Miembros de Honor de la Academia que asistió a la informal "investidura" fue Concha Velasco. Por eso, antes de que Jesús Cimarro la presentase, José Luis Alonso de Santos la nombró representante de todos los demás distinguidos. La actriz vallisoletana es maestra en imprimir a cada momento en el que está presente una sencillez irreprochable y una luz inconfundible. También, mucha calidez. Concha Velasco agradeció el galardón con alegría y dijo su verdad sencilla: "Yo sólo soy actriz", en referencia a la abultada experiencia multidisciplinar de varios de sus compañeros de distinción, "pero nada me gusta más en la vida". Después, Magüi Mira hizo el espontáneo, tomó el micro y lanzó una defensa encendida del trabajo de los actores y las actrices.

Una vez entregadas (dicho esto en sentido figurado) las distinciones, volvieron a formarse los corrillos que sólo provisionalmente se habían deshecho para atender mínimamente el protocolo. Es decir, que el acto volvió a su ser inmediatamente: una reunión agradable de gente que se conoce, se reconoce y hasta se quiere. La Academia nació en abril y tiene por meta contribuir a la excelencia: ojalá en el camino no pierda la naturalidad de su juventud y no gane las rigideces que ahora, aparentemente, no tiene.