Ricardo III

CONCIERTOS: Anoche en el Teatro Arteria Coliseum de Madrid


Víctor Manuel: Corazón tendido al sol

  • Actualidad
  • 11/02/2011
  • Víctor R. Bachiller
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Víctor Manuel.
Víctor Manuel.

Decía García Márquez en el prefacio de una de sus últimas novelas, que la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla. Víctor Manuel parece seguir esa consigna y nos cuenta su vida, o cómo la recuerda, pero cantando, que para algo es lo suyo.

Con un escenario solamente iluminado por unos focos que se van alternando, el cantante asturiano empieza su recital, guitarra en ristre, con una canción ("Mis recuerdos") que quizás sirva como declaración de intenciones, o como carta de presentación para aquellos, los más despistados, que aún no sepan de que va a ir el concierto.

Después de esta introducción, ya sin música, Víctor Manuel nos empieza a contar su vida. Empieza contándonos los recuerdos que tiene de cuando era un niño ("La romería"), de sus primeros amores ("Paxariños" o "Carmina"), y sobre todo, de sus abuelos ("El abuelo Vítor" o "María Coraje"). Y hablando de su abuelo, y de que fue picaor allá en la mina, nos habla del recuerdo de los mineros que se dejaron la vida en su trabajo en las entrañas de su tierra asturiana, avisándonos, sentado en una silla, de que eso que va a cantar ("La planta 14") es algo que quiere ser canción, pero que puede ser todo menos una canción.

Según va creciendo, y con su traslado a Madrid, Víctor Manuel va tomando conciencia social, y política, y sus letras empiezan a encontrar problemas con los Gobernadores Civiles de turno ("El cobarde"), o a quedarse retenidas en los despachos donde trabajan los censores. Y es por esa época cuando escribe la primera canción donde incluye un te quiero ("Quiero abrazarte tanto"), y que le hace triunfar por toda Suramérica, convirtiéndose en todo una aventura para un chaval que no había viajado nunca.

Y de repente conoce a su mujer Ana Belén, o mejor dicho, María del Pilar, a la que dedica una canción ("Canción para Pilar"), y junto a la que su vida empieza a ser más convulsa, sociopolíticamente hablando, claro, porque sus letras ("Soy de España") ya son más rebeldes que antes ("No quiero ser militar"). Hablamos de los últimos años del Franquismo, cuando todo en la calle empieza a cambiar levemente, y los actores se ponen en huelga ("Cómicos") y se piden amnistías.

Después llegó la democracia, y Víctor Manuel reaparece ("Sólo pienso en ti") después de unos años en los que ha estado un poco apartado por motivos políticos. Y cuando todo parecía ir viento en popa, una intentona golpista hace tambalear todo el armazón democrático recién estrenado ("Un corazón tendido al sol" o "Esto no es una canción").

Y una vez las aguas volvieron a su tranquilidad, comenzó la Movida Madrileña ("España, camisa blanca", "Ay amor" o "Nada sabe tan dulce como su boca"), y el retorno, o más bien recuerdo a sus orígenes ("El Cuélebre" o "La madre"), su infancia junto a las vías del tren ("El hijo del ferroviario"), y las preguntas de una niña que no se reconoce en las letras de su padre ("Nada nuevo bajo el sol").

También se tratan temas de la actualidad más reciente, si se pueden denominar recientes acontecimientos como el 11-S ("La doble muerte de Juan Diego"), ocurridos hace diez años, o la violencia doméstica ("Club de las mujeres muertas").

Casi dos horas y media después, el asturiano llega al último tramo de su concierto, tras un primer intento por acabar, porque los aplausos pesan mucho, y el artista se ve obligado a salir de nuevo a escena.

Para acabar el relato de su vida, el cantautor recupera el simbolismo del principio y nos explica con una canción ("Cómo voy a olvidarme") que permanecerá en pie de guerra contra las injusticias, sean cuales sean, y nos recuerda, como broche final, que él, es un hombre del sur, suponemos que se refiere a que es del sur de Asturias, de una tierra ("Asturias") verde de montes y negra de minerales.

Ambas canciones son aplaudidas fuertemente por los espectadores, que ya aplauden en pie y con las manos en alto, lanzando vítores a un hombre que se ha desnudado en el escenario y les ha contado su vida tal y como la recuerda. Las letras de una memoria colectiva que marcó la vida de un país.

Fotografía: Norberto Gutiérrez Hernández

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