Que 31 años no es nada…

Enrique R. del Portal

Hace casi nada, que me planteaba dedicarme al teatro, al teatro musical más concretamente, de forma profesional. Hace poco tiempo, me parece. Y van a cumplirse ya 31 años.

No sé con toda certeza, hacer un esbozo de lo que han sido estos años encima de un escenario. Podría escribir mis memorias, contar anécdotas, pero creo que cualquiera tendría algo más interesante que contar que yo mismo. Sólo me gustaría señalar lo significativo que es cumplir este aniversario cantando y actuando en un espectáculo como "La Bella y la Bestia".

Porque en estos días de miedo, de incertidumbre por la situación económica que muchos no entendemos, me veo obligado a no dejar de dar gracias por seguir en este tren que todavía no sé dónde me llevará. Por seguir dedicándome a lo que más me gusta. Y aunque haya luchado –y duro- por ello, estudiando, trabajando, audicionando, preparándome, sé lo afortunado que soy por haber conseguido hacer de mi vocación, mi forma de vida. Y puede parecer un tópico, pero a día de hoy, se me hace más válido que nunca.

Recuerdo claramente aquel día que me ofrecieron salir de figurante en "Gigantes y Cabezudos", en la compañía de Evelio Esteve Ases Líricos”. Con apenas catorce años, me vi absolutamente invadido por la sensación de que ya no podría dejar jamás el escenario. Parece que ha pasado mucho tiempo, pero os puedo asegurar que ha sido un abrir y cerrar de ojos.

Muchas zarzuelas, que marcaron en gran parte mi manera de ver el espectáculo, y de las que hablaré a menudo. Muchos musicales, algo de ópera… Y pienso que el mayor éxito, si se puede utilizar esta palabra, es seguir, no perder la sensación de aquel día de agosto de 1982. Seguir cada día esforzándome porque parezca que es la primera vez que descubro esa mirada de un compañero en el escenario. Que nunca acabe esta especie de sueño que no termina de hacerse realidad, pero del que no se puede salir.
No tengo idea de que me depararán los treinta años que quedan por delante. Sólo espero que sean tan inestables, dulces, locos, amables, satisfactorios… como han sido los primeros. Y que nunca deje de haber una función por estudiar, una audición que me atemorice, y un personaje que suponga un reto.

Sólo me queda dar gracias, a todos. Los que estuvieron en el camino, los que ayudaron y los que no, porque también se aprende de ellos. Gracias por haberme enseñado a amar y respetar mi profesión; a tener la sensación de que cada día que pasa estás más cerca de la perfección de tu trabajo, y a pesar de ello nunca la alcanzas. De que hay que empezar cada día, de que cada función es un estreno, y cada ensayo una lección magistral.

Y sobre todo, que el niño que está dentro no deje de sorprenderse.

Facebook Comments