¡Qué razón tenías Enjolras!

Ignasi Vidal

Querido amigo y compañero Marcel, hace unos días, después de salir de ver un fabuloso espectáculo del Teatro Cáser Calderón, "Gin&Tónic", hacías una reflexión, en Facebook, respecto a que las crisis, que traen consigo pobreza en todos los ámbitos de la vida, también producen un extraño impulso creativo que se refleja en propuestas alternativas inteligentes y sostenibles, y hacías una enumeración de este tipo de propuestas, como “Poker de Voces”o “Hacemos un trío”, pero aunque razón no te falta, yo te contesté que me inclino a pensar que los emprendedores lo son de origen y no por la coyuntura de turno (de hecho en tiempos de bonanza también se presentaron propuestas atrevidas y originales, todas muy interesantes) si se propicia un entorno favorable para ello.

Por eso decía que lo mejor es que acabe la crisis, que no vuelva a crearse otra (ésta fue generada por muchos que después se han beneficiado de la misma y que andan disfrutando del espectáculo) y sobretodo, que de una vez se haga algo con la educación para ayudar a los chavales a amar el hecho cultural, a pensar, a imaginar, a respetar… Que se les enseñe a valorar y a disfrutar nuestro gran legado cultural como país. Todo ello nos llevará a la larga a tener ciudadanos más comprometidos y emprendedores a los que les apetezca acercarse a los teatros (y a los museos y a los cines…) Así no sólo tendríamos propuestas inteligentes y talentosas en tiempos de crisis (y fuera de éstas) y así no habría IVA que hiciera peligrar la industria.

Entonces respondiste a esta reflexión mía diciéndome que estabas de acuerdo en todo lo que exponía y te mostrabas poco ilusionado con la realidad política del país porque nuestros políticos proponen políticas cortoplacistas para aprovechar los beneficios de la lucha partidista. Decías con acierto que una reforma educativa de peso no era posible por esta razón, pues sus frutos madurarían cuando quien las pusiera en marcha estuviera criando malvas y te declarabas falto de ideología y desilusionado.

Sin embargo yo creo que estás en el mejor de los momentos para dar un vuelco a la situación. Mira qué casualidad:
En "Los Miserables", en la novela, el líder estudiantil Enjolras le dice a sus compañeros que los frutos de su lucha no los disfrutarían ellos, que, con toda seguridad, darán la vida por derrotar a la tiranía, sino sus hijos y los hijos de éstos.

Nuestros políticos deberían leer "Los Miserables", sin duda (algunos me consta que lo han hecho, te lo aseguro…) pero la realidad es que todos deberíamos hacerlo (yo ya lo hice por motivos obvios). Entonces entenderíamos que el muro se derriba empujando, no sólo hablando.

Esto que en Francia y otros países de nuestro entorno entendieron muy bien en su día, jamás fue asimilado en nuestro país, cuya sociedad, en general y salvo contadas excepciones, siempre prefirió vivir de rentas que emprender aventuras empresariales que contribuyeran a generar riqueza y progreso (dos términos que muchos compatriotas consideran incompatibles pero que en realidad son consustanciales).

Como resultado somos una sociedad a la que se nos va la fuerza por la boca, enredados en la eterna dicotomía izquierda-derecha, eso sí, desde el sofá de casa, que ahí se está muy cómodo y calentito, o como mucho en el bar con unas buenas cañas. De españoles es quejarse todo el día, decir lo que haríamos aquí y allá pero después no hacer nada. Nos quedamos impasibles y resignados ante la mediocridad, aceptando que la vida es así y que nada podemos hacer para cambiarla. Esperamos que "los políticos" vengan a solucionarnos los problemas, sin ver que a "los políticos" los ponemos nosotros donde están. En definitiva la política la practicamos todos, unos de manera consciente y otros de manera inconsciente, pero hacerla, la hacemos todos.

Te digo, amigo mío, que si tan poco nos gusta lo que hacen cambiémoslos cuando toca, busquemos siempre la excelencia, miremos lo que ofrecen unos y otros. Comparemos sus propuestas y no nos quedemos en casa o escojamos ir a la playa o a la montaña cuando toca decir lo que queremos (léase ir a votar).

No te desanimes, Marcel, estás, como te decía más arriba, en un gran momento. A veces la ideología sólo sirve para no pensar. No te preocupes si sientes que la has perdido; puede que haya sido para mejor pues aún te queda lo más importante que tenemos hombres y mujeres: la razón, auténtica luz que ilumina el progreso.

Tienes un hijo que merece todo tu esfuerzo… Así el día de mañana él estará orgulloso de que su papá contribuyera, en su momento, a derribar el muro de la mediocridad, con la luz de la razón, para dejarle un mundo mejor del que recibiste tú de tus padres.
Qué mejor ejemplo para un hijo.

Una abrazo, amigo.

Salud, amigos.

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