The big man

El pasado sábado murió en una clínica de Florida Clarence Clemons, saxofonista de Bruce Springsteen and the E Street band, que para muchos, entre los que me encuentro es el mejor saxofonista de la historia del Rock and Roll.

Es curioso que alguien a quien no has conocido nunca en persona pueda despertarte tantos sentimientos. El Domingo, nada más enterarme de la noticia, después de quedarme unos minutos suspendido entre la incredulidad y la más profunda tristeza, puse el último tema del disco "Born to run", el sublime "Jungleland", y me sumergí, como siempre me ocurre con este disco y en particular con esta canción, en su atmósfera poética de corte romántico-callejera que desprende esta obra magna de la música.

Mientras la escuchaba, y a través de ese relámpago explosivo que salía del saxo de Clarence Clemons en el tramo final de la canción, viajé por el recuerdo de mis años adolescentes, en los que descubrí el poder hipnotizante del R’n’R, volvió a mí como una ráfaga de aire sanador la sensación de intensa vitalidad que me producían el conjunto que forman los textos poéticos y los acordes de las canciones de Springsteen y me emocioné al evocar los solos de saxo en tantas otras canciones como "The promised land", "Drive all night", o "Bobby Jean", y entonces pensé que ese sonido de saxo, melódico y a la vez rabioso, que forma parte del mejor Rock de Springsteen, me ha acompañado durante veinticinco años, que no son pocos, como hilo conductor de mis emociones. La voz del saxo de Clemons es tan familiar para mí como lo pueda ser el timbre de voz de cualquiera de mis hermanos, y ese hecho hace que la presencia intangible de "the big man", haya sido mi alimento espiritual durante la siempre difícil formación de la personalidad, de mi personalidad.

He escuchado tantas veces esas canciones, revisé tantas veces los discos de Springsteen, leí y releí tan atentamente las letras, que hoy tengo la sensación de formar parte de esa familia a la que nunca ves pero que sabes que está ahí para cuando la necesites, la E Street band. Y así se explica la tristeza que sentí al enterarme de la muerte de Clarence Clemons, pues él era el alma conductora de esa familia, era sus pulmones, el viento en la melodía y la paz espiritual en el Rock and Roll.

Con la muerte de Clarence Clemons, la E Street band queda mutilada, rota, descompuesta y así muere una parte del más puro y genuino R’n’R, es cierto, pero a la vez deja en el recuerdo los destellos de una luz que nunca se va a apagar porque ya está grabada en la memoria de todos aquellos que pudimos verle en directo tantas veces, junto a Springsteen, tantas que ya no alcanzo a recordar sabiendo que nunca escamoteó una sola nota con el único objetivo de hacer felices a cuantos le escuchábamos.

Para mí, escuchar a Springsteen es escuchar la verdad, pero esa verdad no sería completa sin el cálido y cercano timbre del saxo de Clarence Clemons. Ahora, al haberse apagado para siempre su inconfundible sonido, aquellos que sentimos el poder baptismal que repartía en cada nota, solo nos queda el consuelo de explicarles a nuestros hijos quién era "the big man" y con orgullo poder decir: "yo le ví muchas veces en directo, siempre generoso, alto, grande y majestuoso".

Gracias por toda la música que me enseñaste.
Descansa en paz, "big man", siempre te llevaré conmigo.

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