“Tres deseos”. ¿De verdad que los quieres?

Tres deseos, parece fácil. Todos deseamos cosas. Hasta deseaba que algún día me dijeran eso de: pide tres deseos. Hasta hoy que fui un espectador más de “Tres deseos” en el Teatro Arenal, y me he convencido de que poder desear algo y que se cumpla podría ser un tremendo error. Por ejemplo: Primer deseo. Sale el hado Óscar vestido de verde y verde (lo que me va dando idea de sus tendencias más ocultas) y se monta un numerito de baile con sus dos danzantes, y enseguida echo en falta un poco más de escenario, mayor elevación, más atrezzo, decorados… Pero no, deseo incorrecto, porque al poco me sorprendo con …

Segundo deseo. Una mujer que se esconde tras unas gafas de secretaria, moño de andar por casa y traje de funeral, y entonces mi imaginación se lanza a darle un look más sexi para poco a poco ir aliviándola de ropa. No, no, no, deseo mal enfocado. La mujer termina…

Tercer deseo. Me está gustando el espectáculo. El hado, una mezcla del sombrerero loco y el maestro de ceremonias del Kit Kat Club, otorga los deseos que le solicitan, y después de enjoyar a Azucena Alonso, (un diamante en bruto como guionista, directora y actriz) se despide del público dando un corte brusco a la función. Y deseo que no sea verdad, que no se acabe el espectáculo. Y lo que pido, se cumple. Y por tercera vez se me encoge el ánimo haciéndome dudar en la bondad de lo que anhelo, cuando de pronto veo que las butacas se van quedando vacías a mi alrededor, y me planteo si no seré yo la única persona de la sala que …

Un sorprendente guión que me ha hecho pasar un buen rato, y una compañía, la de “amor y chocolate”, que disfruta con su trabajo. Así que, como dice la canción de despedida, “Don´t stop me now cause Im having a good time”, y yo añado también siguiendo al gran Freddie MercuryShow must go on”.

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