Un amigo de verdad

Ignasi Vidal

Yo creo que los amigos son para disfrutarlos, para aprender de ellos, para escucharlos y ser escuchado. Pero hay algunos, especiales, únicos, que son para algo más, que significan mucho más. Son como la posada para el descanso en el recodo del camino cuando éste se pierde entres las sombras del anochecer. Son como el faro para el velero perdido en las ajetreadas aguas del mar en medio de la noche eterna. Algo así son los amigos especiales, únicos, los amigos de verdad.

Un día no sabes a dónde acudir y llamas a una puerta y cuando ésta se abre su rostro te llena de seguridad y satisfacción porque pocas cosas hay en la vida como la cálida acogida de un amigo de verdad.

Mi amigo de verdad es, además, como todos los amigos de verdad, un ser muy particular. Lo es porque a pesar de ser muy autónomo e independiente siempre te ofrece un asidero donde cogerte. A veces distante, a veces presumido, la realidad es que no puede evitar estar pendiente de sus seres queridos, regalándose a ellos con espíritu altruista, tanto que sin darse cuenta (a veces sí) se desprende de su propio interés, como si se tratara de una pesada alforja que le molestase para avanzar, perdiendo el poco egoísmo que alberga en su haber, entregándose apasionadamente a la causa ajena, muchas veces en detrimento de su propia comodidad.

Lo asombroso es que parece no importarle. Es como si tuviera asumido de forma innata que todos estamos de paso por aquí y que poco importa lo que tengas, siendo más importante lo que hagas por los demás.

Es, por lo tanto, su capacidad de sacrificio por el prójimo su mayor virtud, cosa increíble teniendo en cuenta el talento que hay dentro de ese aproximado metro ochenta y cinco. Cualquier otro, con el potencial artístico que atesora mi amigo, viviría sólo pendiente de su propia obra. Él no.

En cambio (o "sin encambio" como diríamos en tono jocoso) es capaz de poner su talento a disposición de quien lo necesite. En silencio, sin hacer ruido, suma su calidad a las obras de otros, dotándolas de la guinda, en algunos casos, y en ocasiones, de la distinción que necesitaban.

Todos los que hemos trabajado con él sabemos que es lo más cercano a un genio. El único que parece no darse por enterado es él mismo. O tal vez sí y sencillamente trata de esconderlo debido a su timidez congénita. Incluso en alguna ocasión me ha llegado a regañar por mostrarle mi asombro por ese don que, sin duda, le concedió la providencia para componer.

Yo sé que él no cree en los duendes inspiradores, (antes, cuando empezábamos a trabajar juntos, sí) sólo cree en la constancia, pero yo creo que lo suyo está más cercano a la inspiración que al empeño, pues es más artista que artesano.

Otras veces da la impresión de que lo que realmente querría ser es pescador en una pequeña cala de su querida Menorca. Tal vez es por eso que sus composiciones parecen estar hiladas con el invisible hilo de una caña de pescar, con paciencia, hasta que aparece la idea y entonces tira de ella, con su particular forma de mover los dedos sobre el teclado, creando una partitura que parece haber estado siempre ahí, como esperando a ser pescada por tan hábil pescador en el revuelto mar de la música.

Sutil en la lucha por sus intereses, puede parecer que padece de algún tipo extraño de conformismo. Tanto que en ocasiones me exaspera al no mostrar atisbo alguno de prisa, pero en el fondo me sonroja y me hace abrir los ojos. Yo querría ser tan paciente como lo es él.

Mi amigo de verdad es justo e imparcial, para él nada es tan bueno o tan malo, tan brillante o tan mediocre: Todo es relativo, según los ojos con los que se vea. No siempre tiene la razón, ni quiere tenerla, pero siempre habla de forma honesta.

Siendo una persona con una notable cultura (aunque como él dice eso también es relativo, pues en todo caso depende del nivel cultural del que se tiene enfrente) es la inteligencia el rasgo más fascinante de mi amigo. Su capacidad para entender y resolver cualquier problema que se le plantee, ya sea práctico o teórico, le hace a uno preguntarse ante qué clase de ser humano se encuentra. Tiene rasgos de superdotado pero él se esfuerza en romper esa imagen, mostrándose cercano a su interlocutor. Sólo los cretinos se muestran altivos y sacan a relucir sus conocimientos en cuanto tienen ocasión, como el pavo real que muestra sus llamativas plumas en el cortejo de la hembra, pero lo cierto es que detrás de esta actutud se esconden carencias de todo tipo, desde emocionales a culturales. Pavos reales, como mi amigo y yo sabemos hay por desgracia demasiados.

Apasionado comensal (en eso sí somos iguales), no hay mejor compañía en la mesa que mi amigo, siempre dispuesto a compartir mantel. Su paladar sorprende tanto como su percepción. Es el claro ejemplo de que inteligencia y paladar van siempre de la mano.

¿Tiene cosas malas mi amigo? Como todo el mundo, supongo que sí, pero a mí no me importa, pues sus virtudes superan con creces a sus defectos.

Hoy es el cumpleaños de mi mejor amigo. Este año, hace veinte que somos amigos. Veinte años de discos, infinitas partidas de ajedrez, tardes enteras en el Queimada matando el tiempo con cualquier juego de cartas o charlando sobre alguna novela. Noches de videos de Les Luthiers, vinilos (cómo nos costó pasarnos al compact disc…) Tardes de Rock & Roll, mucho Rock & Roll, de cerveza fría y alguna no tanto. Con el pelo largo y después corto, luciendo botas de tacón cubano, intentando salir adelante en la vida sin pisar a nadie. Teniendo la certeza de que no quedó ninguna cuenta pendiente en el camino… Barcelona, Madrid… Hasta en Calpe nos hemos tenido que ver.

Yo he vivido la vida teniéndole a mi lado. Unas veces ha sido posada en el recodo del camino, otras, faro que guiaba a mi velero.

¿Qué habría sido de mí de no haberle encontrado una noche en aquel bar de la calle Industria en Barcelona donde pudimos charlar por primera vez sobre nuestras aficiones y gustos? Quién sabe. Lo único que sé es que aquella noche, como en el final de Casablanca, cuyo fotograma, curiosamente, cuelga en una pared de su casa en Madrid, presentí que era el principio de una gran amistad. Amistad que guardo como uno de los tesoros más preciados de cuantos poseo y del que me siento infinitamente orgulloso de lucir en estas líneas.

Amigo, esta es mi manera de felicitarte por tu cumpleaños o más bien de agradecerte todo lo que he aprendido a tu lado y lo mucho que hemos compartido.

Feliz cumpleaños, amigo, compañero, hermano.

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