Una bola de nieve en caída libre

Ignasi Vidal

Lo peor del nacionalismo no es que ensalce lo propio sobre lo que le es ajeno a pesar de que esto suponga tener que tergiversar los hechos en pos de una verdad única e incontestable. No es ni siquiera la insistente manera que tiene de adoctrinar en la mentira respecto a los mezquinos intereses de los enemigos de la patria, aquellos que desde fuera del paraíso amenazan con acabar con el destino irrenunciable para el que el pueblo elegido ha sido creado. Todo esto, con ser espantoso, no es lo que considero peor del pensamiento nacionalista. Para mí, lo que es más dañino, es cómo cualquier nacionalismo acaba hipotecando el concepto mismo de Democracia, llenándolo de costosos intereses para los ciudadanos en tanto que acaban parcelando el terreno de la opinión y la discrepancia, creando aranceles para aquellos que se salen del discurso “correcto”. Como consecuencia de esto, aquel que inicia el mensaje de corte nacionalista y lo extiende entre la sociedad, mensaje que normalmente se disfraza de axioma democrático, pierde el control del uso que se le da a sus ideas, razón por la que éstas acaban metamorfoseándose rápidamente propiciando la aparición de actores más radicales que elevan el tono inicial de las demandas, considerando la consigna primera únicamente la antesala de un programa de máximos irrenunciables.

El paso último de esta lamentable escalada de exaltación de lo propio es aquella que antepone al de casa al “extranjero”, exigiendo atención a los que pertenecen al clan excluyendo a los que se encuentran fuera de él, ya sea en función de sus ideas, de su lengua o de su grupo sanguíneo. El nacionalismo se comporta pues como una bola de nieve en caída libre.

Por ello no debería extrañarnos que las consignas nacionalistas de Convergencia y Unió, plasmadas en su cartel electoral en la que se presenta a Mas como una especie de Moisés que guía a su entusiasta pueblo a la tierra prometida y las soflamas majaderas que él y su lugarteniente Francesc Homs, día sí día también, lanzan al universo, acaben dando paso a posiciones que, desgraciadamente, ya no son controlables y que en poco tiempo tendrán efectos nocivos para la convivencia entre los catalanes. El precio que en el futuro habrá que pagar por haber jugado con fuego es la aparición de partidos más extremistas que CIU.

Mientras pasaba en coche por Martorell, camino de la estación de Sants, para coger el AVE a Sevilla, vi unos cuantos carteles electorales del partido radical Plataforma per Catalunya (PxC), de Josep Anglada, con el eslogan “Primer els de casa” (Primero los de casa).

Este eslogan, de corte fascista, que ahora aún puede ser visto como una anomalía democrática, ya va tomando cuerpo en algunas zonas de Catalunya. Aquí ya no estamos hablando del tema identitario por cuestiones lingüíticas por ejemplo, sino de un concepto que va más allá: “Nosotros”, los de aquí, los que somos catalanes de pura cepa y “ellos”, los que son de fuera (musulmanes, sudamericanos, asiáticos) y vienen a aprovecharse de “nuestros” recursos (planteamiento menos sofisticado que el famoso expolio al que según CIU España somete a Cataluña pero que en definitiva viene a ser la misma idea).

Todos sabemos cómo terminan este tipo de movimientos. A la historia me remito. Sin embargo, en Cataluña y en España se está dando poca importancia o ninguna a la aparición de partidos políticos de corte fascista como PxC. En Catalunya porque esto equivaldría a decir que entre “nosotros” hay quienes defienden que los extranjeros deben irse del país (del catalán) y que Cataluña pertenece a los que sí son catalanes auténticos (a saber qué entiende el tal Anglada como catalán auténtico) y en el resto España por tratarse de movimientos que vistos de lejos no parecen ser un problema acuciante y más bien se perciben como movimientos efímeros que una vez pasada la crisis desaparecerán.

Sin embargo, este partido en cuestión, PxC, podría entrar en el parlamento según algunos sondeos y esto es un hecho muy preocupante para mí porque a este partido habrá que sumar otros partidos radicales como Solidaritat per la Independència y así poco a poco el arco parlamentario catalán se irá llenando de actores de dudosa educación democrática que lo único que pueden ofrecer a la sociedad catalana es el caos y a la radicalización del debate político.

De todo esto también culpo a la delirante aventura soberanista que Mas emprendió oportunamente después del éxito de la marcha independentista del pasado 11 de Septiembre en Barcelona. Porque si aquel que ocupa el sillón de “president” de la Generalitat, se presenta como líder de una parte de catalanes que se manifiestan abiertamente independentistas, olvidando a otro sector de catalanes que no lo son (pero a los que también debería representar) arropando a los primeros en su deseo y demostrando una irresponsabilidad de dimensiones históricas al convocar unas elecciones, sólo dos años después de haberlas ganado, elecciones que él mismo considera un plebiscito a su plan secesionista, no es de extrañar que aparezcan posiciones aún más radicales y si cabe más puras dentro del universo nacionalista.

La desinformación juega un papel fundamental en este aspecto. Así pues, la cantidad de mentiras y medias verdades que Mas ha soltado en campaña y precampaña no ha tenido desperdicio: que si Cataluña sería un nuevo estado de Europa, que si podría entrar en la OTAN sin tener ejército propio, la parcelación de los datos de la Seguridad Social para demostrar la solvencia de Catalunya frente a la del Estado español omitiendo que el año pasado Cataluña recibió mil cien millones de Euros mas de los que aportó…

El fin del estado autonómico no vendrá por la postura involucionista de algunos nostálgicos de tiempos pasados sino por el delirio y el desatino de algunos tipos como Mas, pero a los nacionalistas, en su afán manipulador, les gusta presentar a “los de fuera” como responsables de su incómodo encaje dentro del marco constitucional. Una mentira más.

Me comentaba un amigo mío catalán, que lo que no le gustaba de UPyD era su radical posicionamiento contra el estado autonómico. Le insté a que leyera el programa del partido para que me dijera en qué punto en él se abogaba por la abolición del sistema autonómico y le hice ver que en este país, España, los únicos que han dinamitado el este sistema han sido los partidos nacionalistas con su chantaje constante a los sucesivos gobiernos del Estado, por el miedo de estos últimos a no recibir el apoyo de los primeros en caso de necesidad para mantener el culo en los sillones del poder y que la voracidad de los CIU, PNV y compañía a la hora de llevarse prebendas no ha tenido límite y que la razón es el objetivo de todo nacionalista, que no es otro que realizar su dorado sueño de construir su propia nación al gusto de sus atávicos rebuznos.

Estoy convencido de que el discurso nacionalista, a la larga acaba generando un discurso más radical paralelo a él, que se descontrola incluso a su voluntad manipuladora, porque para que triunfe la obsesiva verborrea nacionalista debe dejar crecer a su alrededor movimientos más obsesivos en la consecución de objetivos más o menos comunes. De ahí el éxito que poco a poco irán teniendo en Cataluña partidos como el SI o PxC.

Y es que en parte los nacionalistas ya han ganado y lo han hecho porque la Cataluña de CIU funciona como si fuera una nación que ellos articulan en función de su partidista interés hasta el punto de que desobedecen los fallos del Tribunal Constitucional y aquí no pasa absolutamente nada. Lo peor de todo esto es que este triunfo parcial no se sabe hasta dónde puede llevarnos pues los objetivos de los radicales no suelen ser previsibles.

La sociedad catalana podría tener alguna alternativa a este estado de cosas si opciones como UPyD (una vez que PP y PSC-PSOE queda claro que son juguetes al antojo de CIU aquí y en Madrid ) llegasen a conocerse, pero el control de los medios, públicos y privados, por los grandes partidos evita que su mensaje regenerador se conozca. Ayer mismo, en Barcelona, el candidato a la Generalitat por UPyD, Ramón de Veciana, El Diputado Toni Cantó y un servidor, convocamos a los medios de comunicación para hablar de cultura en Cataluña. A la llamada acudió un solo medio, la agencia EFE.

Sin embargo, no es difícil que partidos como PxC, CUP o SI tengan su lugar cuando la prensa habla de los programas de unos y de otros. De UPyD ni rastro durante toda la campaña.

Es normal, a CIU (y también a PP y PSOE) no le molestan los partidos radicales, pues su aparición no hace más que reforzar la falsa idea de que una Cataluña gobernada por ellos evita el crecimiento de estos partidos. Al fin y al cabo ellos también son un partido radical.

Nada más hay que ver el lema mesiánico de su campaña: “La voluntad de un pueblo”. Por el contrario, un partido como UPyD que defiende la igualdad de los ciudadanos estén donde estén y sean de donde sean, que denuncia los privilegios y la corrupción o que aboga por el fin de la duplicidad de funciones en la administración pública, con propuestas tan impactantes y positivas como la reordenación municipal, presentada hace dos días en Andalucía, que supondría un importante ahorro para la administración, entiendo que dé pánico a los nacionalistas acostumbrados a utilizar el espacio público como despensa particular de sus necesidades partidistas.

Mientras el mensaje regenerador no llegue a la ciudadanía, los mensajes radicales que emanan del nacionalismo más rancio y abrasante amenazan con romper la convivencia en Cataluña.

Personajes como Anglada consiguen hacer oír su voz cuando los que tienen responsabilidades de gobierno como Mas sacan a ondear la bandera olvidando las obligaciones contraídas con los ciudadanos como consecuencia del cargo que ostentan. Eso es lo que ha hecho Mas y por ello, si el domingo no consigue su ansiada mayoría que dé legitimidad a su proyecto, mayoría que él mismo demandó a la sociedad catalana y que le sirvió de pretexto para convocar elecciones, debe irse a casa y ver si otro puede devolver la normalidad y la cordura a la vida política en Cataluña.

Como sea, este domingo me sentaré en casa y veré si UPyD consigue entrar en el "Parlament". Si lo hace descorcharé una botella de cava, catalán, por supuesto, y brindaré por la igualdad y el sentido común que este partido representa.

Salud, amigos.

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