Una joya entre las calles del Raval

Dentro de las intricadas calles del Raval Barcelonés, concretamente en la calle de Sant Antoni Abad, lleva representándose, con éxito, desde hace meses, una pequeña joya del Teatro Musical: "La vampira del Raval".

Semejante historia Romántico- macabra, no ha podido encontrar mejor enclave para ser presentado al público que el Nou Teatre del Raval. Adentrarse por las viejas y estrechas calles de este céntrico barrio barcelonés, de donde casualmente proviene el que aquí escribe, es sin duda el mejor preludio que puede tener este montaje.

"La vampira del Raval", es una pieza, inteligentemente zurcida por Josep Árias Velasco, que en tono de Musical Burlesque tragicómico, como los propios responsables de la producción definen a la misma, nos cuenta la historia de Enriqueta Martí, personaje que se hizo popular en 1912 por secuestrar niños en las calles a los que después prostituía e incluso sacrificaba en macabros rituales satánicos ofrecidos a personalidades de alto nivel social.

Esta interesante historia consigue adentrarnos, con pasmosa facilidad a pesar de tratarse de una producción de bajo presupuesto (de ahí lo de pasmosa) en los primeros compases del siglo XX de una Barcelona fácilmente reconocible en las viejas estampas de algunas exposiciones que muestran el sabor genuino de la ciudad Condal de antaño.

En primer lugar quisiera decir que cada pequeño detalle de esta producción es un acierto. La escenografía, encajonada en el pequeño escenario de este Teatro, es de una increíble funcionalidad. Sobre una plataforma giratoria se planta una estructura que, según se abren o cierran sus puertas, nos transporta a los diferentes ambientes donde se desarrolla la acción. Bien acompañada de un buen trabajo de iluminación consigue centrar la atención del público en lo que se quiere contar.

El vestuario es tan acertado como la escenografía. Un detalle que me parece digno de mención es que los cuatro músicos que brillantemente ejecutan la partitura de Guinovart, visten al uso de la época, incluyéndolos en todo el mosaico dramático y estético del montaje.
A propósito del autor de la partitura: hablar de Albert Guinovart es hablar de la historia del Teatro Musical de este país. Podría, pues, dedicarle un post entero al que seguramente es nuestro más importante autor del género. Personalmente, a pesar de la cantidad de obras geniales que ha compuesto Guinovart, esta pequeña pieza me parece la más elegante de todas cuantas le he escuchado y sobre todo la más interesante dramáticamente hablando. Los temas musicales ayudan a entender y a explicar mejor la trama y eso se agradece. Ni una sola de las notas del montaje es gratuíta.

Por ello, este trabajo de Guinovart es en sí una demostración, teorico-práctica, de lo que es un Musical de altura, al estilo de los musicales de Sondheim o Weill, es decir, que las canciones son parte del tetris emocional de los personajes y no composiciones para el vano lucimiento de la estrella de turno. No voy a descubrir ahora a este músico, pues es sobradamente conocido por los aficionados del género (de hecho acaba de ganar un Oscar por las orquestaciones de "The artist"), pero tal vez debieran acordarse los productores españoles que pretenden producir montajes de creación que Guinovart es sinónimo de calidad, buen gusto y hasta de éxito. Guinovart (junto con otros más, por supuesto) es el auténtico estandarte del musical de creación de nuestro país. Lo opuesto a los montajes hechos a base de popurrís de grandes éxitos del Pop que en los últimos años se han adueñado de las carteleras de Madrid y Barcelona.

Con todo lo dicho, para mí lo mejor de este montaje es el reparto. Desde la protagonista de esta historia, Mercé Martínez (su trabajo es soberbio. Siempre creí que era buena esta actriz pero en esta ocasión me ha parecido mucho más que buena. Una auténtica diva en el buen sentido) pasando por Jordi Coromina, excelente actor dotado de un aire de autenticidad en todo lo hace sobre las tablas (tanto en este montaje como en otros en los que he tenido ocasión de verle anteriormente) Siguiendo con Mingo Ràfols que como siempre está sorprendente (no sé cuántas caras tiene este actor, para mí un maestro de la escena, que combina la genialidad sobre el escenario con la sencillez y la humildad fuera de él, o sea, un grande) sin olvidarme de Óscar Muñoz, brillantísimo en su papel, y más si tenemos en cuenta que cuando vi la función tan solo llevaba tres días interpretando el rol que hasta entonces había desempeñado Pep Cruz, Lluís Parera, que se multiplica con acierto en un amplio abanico de personajes y Valentina Raposo que maneja con maestría las marionetas que representan a los desafortunados niños secuestrados.

En definitiva, recomiendo a los que leáis este blog y os guste el Musical que vayáis a ver "La Vampira del Raval", no sólo por tratarse de una pieza de indudable calidad y buen gusto, sino por que tengo la sensación de que del éxito de montajes como este depende gran parte de nuestra credibilidad a la hora de postularnos como país productor de musicales. Puede, también, que estemos ante una muestra de lo que puede ser el Musical de aquí en adelante, demostrando que ante la crisis, las buenas ideas, realizadas con inteligencia y practicidad, son una más que buena solución.

Felicidades a Jaume Villanueva por haber pulido esta pequeña joya.

Más información  sobre "La Vampira del Raval"

Salud, amigos.
 

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