A falta de un buen pellizco…

Ignasi Vidal

Cuando era pequeño y descubrí el poder semi-religioso del Rock, en mi imaginación me veía con una guitarra colgando, cantando mis propias canciones y eso, que en aquel entonces, no sabía poner ni tres acordes en la guitarra.

El paso de los años me llevaría a los escenarios en diferentes frentes artísticos. Teatro, música, televisión, cine y numerosas grabaciones en estudios, donde he dejado plasmada mi voz en temas tanto propios, como de otros autores.

Sin embargo, debo reconocer que a pesar de mi inclinación natural por la música y el teatro, seguramente en la cúspide de mi imaginaria pirámide de las artes, en lo más alto, siempre estuvieron aquellos que inventan historias, aquellos que frente al papel plasman su talento para que otros desconecten de su día a día.

Da igual si es en el campo de la narrativa, la poesía, el teatro… Da igual.

Recuerdo que con 17 o 18 años, después de leer "Guerra y Paz" de León Tolstói, estuve muchos días conmocionado, incapaz de leer nada más. Pensaba que después de una historia así no podría volver a abrir otro libro. Tal sentimiento no recuerdo haberlo sentido nunca más, ni antes ni después. Por suerte todo pasa y ese sentimiento desapareció. Seguí leyendo lo que me apetecía. Nació en mí una profunda curiosidad natural hacia las letras y su mundo, pero nunca se me pasó por la cabeza ponerme a escribir un libro.

Lo mío era otra cosa, era el contacto con el público, no la soledad del pupitre.

Sin embargo una noche, hace ya unos ocho años me senté frente al ordenador con la firme decisión de escribir algo. Y lo hice. Escribí un texto de Teatro que llamé "Tupperway. Conservamos tu felicidad" y ese texto me llevó a la necesidad de seguir investigando, de tratar de encontrar mi propio lenguaje si es que lo tenía y así escribí otro texto, "backstreets" donde ya empezaba a saborear el placer de escribir por escribir, independientemente del resultado, hasta que cayó en mis manos "El alma está en el cerebro" de Eduard Punset. Al terminarlo vino a mí la chispa que encendió el fuego emotivo que dio como resultado "El plan".

Aquellos días en los que escribí este texto, los recuerdo como si hubiese habitado en mi interior una fuerza nuclear que, en lugar de explotar hacia los lados y arrasar con todo, lo cual no es muy creativo, se iba descargando a través de pequeños accesos creativos que, a modo de un escape de gas, transformaba la energía en palabras.

Muchas vueltas ha dado "El plan".

Dos veces se ha intentado poner en pie sin éxito. Siempre surgió algún contratiempo que parecía condenar mi obra al cajón oscuro de lo anecdótico.

Un buen día hablando con Óscar Herranz (al que nunca podré acabar de agradecerle la confianza que mostró hacia mí, al cederme un espacio para escribir en Teatro a Teatro) precisamente de temas literarios, le comenté a modo de sueño, la gran ilusión que sería publicar. Me pasó el contacto de una persona. En estas aparece Esther Santos, mi ahora agente literaria, incansable y siempre atenta, hablamos, me pide que le pase mi obra y dos semanas más tarde me llama para decirme literalmente: “Me he enamorado de tu texto y tiene que publicarse sí o sí. Esto no se puede quedar en el cajón”. Firmamos un contrato y se pone a buscar una editorial para un texto en el que parecía haber visto muchas posibilidades.

A las pocas semanas llamada de Esther: "Ignasi, tenemos editorial".

No podía creerlo ¡Bartleby Editores quería mi texto! Nunca imaginé que algún día mi nombre aparecería escrito sobre el lomo de un libro expuesto en una librería comercial.

Nunca imaginé que el poso que dejaron en mí la lectura de Wilde, Mamet, Miller, Patrick Shanley, Rostand, Sartre, Vargas Llosa, Millás, Mendoza, Tolstói, García Márquez, Martinez Pisón, Eslava Galán y un largo etc. encontrara salida en una pequeña obra donde no hice otra cosa que dejarme llevar por un estado emocional alterado y una historia que, como ya he dicho en alguna ocasión, no fue escrita por mí, sino que ella se apoderó de mis dedos sobre el teclado para plasmarse sola y según su propio dictado.

Así de simple: aún no me creo que vaya a suceder pero ya son muchos los que me recuerdan que el martes presento libro. Si de hoy a mañana nadie me despierta del sueño con un pellizco que me devuelva a la realidad, daré ésta por buena y si es así, amigas y amigos, os espero en la librería "La buena vida" este martes 5 de marzo, a las 20:00 horas.

Allí nos reuniremos un nutrido grupo de amigos y presentaré mi libro al mundo.

Si nadie me pellizca a tiempo…

Soy muy feliz.

Gracias a todos.

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