Madrid

Ignasi Vidal

Es cierto. Me chifla Madrid. Especialmente los domingos en que no tengo nada más que hacer que disfrutar de la ausencia de las obligaciones.

Levantarme por la mañana y bajar a comprar el periódico al quiosco de Puerta Cerrada. Sentarme en la terraza del Madroño a leerlo mientras me tomo un café. Levantarme y por la calle Toledo bajo los soportales dirigirme a la Plaza Mayor. Detenerme ante las numerosas pinturas que los artistas exhiben en plena calle, la cabra con serpentinas de colores que divierte tanto a los niños que pasan desafiantes delante de su hocico de cartón para que les lance un sonoro pitido. Quedar con los amigos en el Revuelta para comernos un delicioso bacalao rebozado, único en el mundo, con una caña tan bien tirada que merecería el calificativo de obra de arte. Seguir ruta por Cuchilleros hasta el "Mercado de San Miguel". Dar un garbeo por dentro y degustar unas deliciosas ostras con cava fresco, o una selección de aceitunas, o un pincho de bacalao ajoarriero o de filete de salmón ahumado. ¿Y ahora qué? siempre suelo preguntarle a Celia o a mis amigos Marc, o Amaya, o Víctor, o Carlos, o Marta, o Miquel, o Irene, o tal vez a todos a la vez, si tenemos la suerte de coincidir, cosa que pasa muy de vez en cuando, pero que cuando ocurre es como un paseo en nube.

Si el día es soleado, la respuesta suele ser siempre la misma: vamos a la terraza de la Esquina del Real. Si el cielo está encapotado tal vez lo suyo sería ir a El Pato Mudo a comerse cualquiera de los suculentos arroces que allí cocinan.

Hace sol y la temperatura es agradable, así pues, nos vamos a la Esquina del Real. Una vez sentados y saludado al personal que desde hace años nos atiende con tanta amabilidad y profesionalidad, la carta se vuelve un auténtico dilema, pues la variedad de su oferta y su calidad le hace a uno dudar constantemente, aún sabiendo que nunca fallarás escojas lo que escojas. El vino suele ser siempre el mismo, Abadía Retuerta.

Con el estómago lleno, después del café, seguimos rumbo hasta La Buena Vida, fantástica librería, donde uno puede tomarse una copa entre libros y estar siempre bien aconsejado en la elección si vas con ganas de leer algo nuevo.

Casualidades de la vida es allí donde presentaré mi libro “El plan” el próximo martes 5 de Marzo. No se me ocurre un lugar mejor y más indicado para ello.

Como parece que el día va a alargarse, tal vez nos dé tiempo a pasarnos por “Microteatro por dinero” para ver “Proyecto Princeton” de Sonia Jaque, dirigida por Juanma Manzanares, y, si después apetece, nos podemos ver un par o tres más de obras.

Salir del Teatro siempre acaba de la misma manera en Madrid, sea la hora que sea. Ya son las once de la noche más o menos y en la ciudad que nunca cierra hay que decidir dónde se hinca el diente. Podemos discutir dónde ir a comer, El Pato Mudo, La esquina del Real, San Mamés, O’Curruncho, La Taberna de Daniela, A Esquiniña, Taberna Cascajares, El Buey… pero a cenar no hay duda: Ouh Babbo. Y allá que nos vamos dando un paseo para ver a Bruno y a Trini. Esta noche me comeré, después del entrante que Bruno sugiera, una sepia sarda. Para beber no hay que darle muchas vueltas pues el vino de la casa es un Nero D’avola, un estupendo caldo siciliano ideal para cualquiera de los exquisitos platos que Bruno tiene en su carta. Después de una larga sobremesa, salimos a la calle. Madrid de noche no duerme, sigue ofreciendo todo tipo de propuestas para aquellos que les gusta robarle horas al colchón.

Para mí, sin embargo, este domingo está más que aprovechado, así que nos despedimos y me voy a casa. De camino por las empinadas cuestas, que nacen en la plaza de Isabel II para morir en la calle Mayor, pienso en la cantidad de cosas que se pueden hacer en Madrid, en la brutal oferta cultural de esta ciudad tan acogedora (que nadie piense que todo lo simplifico en un paseo de restaurante a restaurante, ni mucho menos… los domingos, procuro que así sea) pero sobre todo pienso en lo afortunado que he sido al dar con mis pies en la que estoy seguro que no es la ciudad más bonita del mundo, ni mucho menos (para eso está Sevilla, faltaría más) pero sin duda es la que mejor me entiende y en la que mejor encajo.

En otras palabras: vivo enamorado de las calles y de la gente de Madrid, especialmente los domingos ociosos que comparto con la gente que quiero.

Salud amigos

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