Crítica de Bengala

Desde 26 de noviembre en el Teatro EDP Gran Vía

Crítica de Bengala
Crítica de Bengala
El Pequeño Teatro Gran Vía ofrece un buen espectáculo dirigido por Adrián Navarro e interpretado por Sergio Maravilla: 'Bengala'

Crítica de Bengala
Teatro EDP Gran Vía. Madrid

Dramaturgia: Alfredo Megna
Dirección: Adrián Navarro
Reparto: Sergio «Maravilla» Martínez
Música en Directo: Facundo Quiroga
Espacio Escénico: Martina Petersen
Iluminación: Juan Seade y Raquel Moreno Puche
Fotografía: Facundo Quiroga
Diseño Gráfico: Nahuel Lamoglia
Asistencia General: Rodrigo Marínez Frau
Prensa: María Díaz
Producción: Georgina Rey

Horarios y sesiones para ver este espectáculo

Sinopsis

Bengala es un boxeador que ve su propia vida escurrírsele al tiempo que pasan los rounds interminables de una última pelea que lo acerca a su muerte.

Una pelea desde su concepción desigual, con un novato, producto de la necesidad, la desesperación, de la decadencia, los abusos, la pobreza, el amor, las drogas, los deseos perdidos… Serán minutos atravesados por sus fantasmas: la Vanessa (su gran amor), el Paco (su entrenador), el Pollo (su amigo), el doctor, el árbitro, su madre…

Esta obra cuenta la historia de un sueño que se acaba. De un boxeados al que se le termina su tiempo, marcado por un reloj que no deja de golpear en su cabeza, una campana que lo aturde. Su pasado y su presente.

Una obra que deja al espectador sin aliento, porque Bengala da pelea hasta el último minuto, nunca abandona.

Precio de las entradas para ver este espectáculo

Crítica de Bengala por Javier Torres 

El Pequeño Teatro Gran Vía, circundado por innumerables luces navideñas, nos ofrece este espectáculo dirigido por Adrián Navarro e interpretado por Sergio Maravilla en una céntrica y acomodada sala de este teatro madrileño.

Sergio da cara, voz, cuerpo y alma a un púgil que se afana en ganarle un asalto más a la vida que pasa a golpe de campana de ring delante de sus ojos y que sufre cada segundo, cada agarrona en el cuadrilátero. No hay árbitro ni entrenador que pueda detener el nocaout porque Bengala no está dispuesto a renunciar. No sabe o no no puede. Quiere agotarse hasta el final, necesita desangrar el alma que se le va…y no quiere contener.

Está rodeado por enemigos que no paran de darle directos a lo más hondo y que no puede esquivar. Enemigos porque son espectros en su universo vital…su madre, su mujer, su entrenador, su amigo “El pollo”, el doctor… Sí, espectros porque le acosan con la culpa de una ternura no dada, un tiempo que pasó, una oportunidad que no supo aprovechar, una relación que se ahogó…

Se siente morir pero sentir es estar vivo y Bengala lo necesita.

Siente en su cuerpo los golpes que le calman y en su interior los golpes que le van matando y que no sabe de dónde vienen porque está como un saco de arena o como una pera de entrenamiento a merced del último punch que no sabe por donde le llega. Sus recuerdos son contrincantes invencibles pero Bengala va a aguantar. Son cuarenta y tantos años…Su cuerpo, su estado físico es bueno pero su estado anímico está KO.

Interpretación

La obra está intensamente interpretada y ambientada con música en directo de guitarra y efectos que se acompasan absolutamente sincronizados con cada gesto y movimiento que el intérprete compone en escena con una plasticidad pegajosa, con luces que se vuelven mortecinas y crean un ambiente denso de humo y sudor de cuadrilátero.

La intensidad va en aumento hasta un punto crucial. El gong, la campana no da ni un respiro. De hecho, los momentos en la silla del cuadrilátero son más mortíferos, más mortales, pues esos no puede esquivarlos y le dan de lleno y lo derriban.

Bengala quiere entregar su último destello vital como una oblación. Tal vez para apaciguar lo que siente, lo golpes que más duelen y que le llegan de dentro, tal vez para curarse entregándose a la postración definitiva, tal vez porque no sabe hacer otra cosa…

La obra plantea al espectador un doliente dilema, un punch directo que plantea una duda irresoluta. Una excelente opción para estos momentos que vivimos donde la consciencia se hace más necesaria que nunca. Esta es nuestra crítica de Bengala.

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