Crítica de Dirty Dancing

Crítica del musical Dirty Dancing
Crítica del musical Dirty Dancing
Vuelve el profesor de baile y la adolescente que se enamoran al ritmo de la música, venciendo dificultades familiares

Crítica de Dirty Dancing
Espacio Ibercaja Delicias. Madrid

Ficha Artística

Intérpretes

Dani Tatay es Johnny Castle
Sara Ávila Román es Baby Houseman
Fanny Corral es Penny
Antonio Reyes  es Jake Houseman
Baelia Guerra es Maryorie Houseman
Lilian Cavale es Lisa Houseman
Paco Prado es Max Kellerman
Juan Antonio Plazas es Neil Kellerman
Marc Flynn es Billy
Elena Matateyou es Elisabeth
Pedro Ekong es Tito
Enrique Cazorla es Mr Schumacher.

Swings

Edu Llorens (Dance Captain), Raúl Pardo, Raquel Caurín y Laura Caurín.
Como ensembles Pablo Ceresuela (Robbie), Antonio Fago (Moe), Marcos Olano, Irene Bayo, Irene Rubio y Mari Villafaina.

Autora: Eleanor Bergstein
Dirección: Federico Bellone
Coreografía: Gillian Bruce
Productor: Karl Sydow
Diseño de Vestuario: Jennifer Irwin
Iluminación: Valerio Tiberí
Diseño De Audio: Armando Vertullo
Supervisor Musical: Conrad Helfrich
Ceo Letsgo/Productor: Iñaki Fernández

 

Horarios y Sesiones para ver este espectáculo

Crítica de Dirty Dancing: Javier Torres

Producción musical adaptación de la muy conocida película de los años 80. Una joven algo naive y soñadora vive unas vacaciones junto a sus padres. Los 17 años felices de la protagonista pasan en un ambiente familiar de seguridad y sobreprotección mientras que la situación política y social es de plena efervescencia y cambio.

Corre el año 63 y el Movimiento por los Derecho Civiles está cambiando y convulsionando a la sociedad norteamericana.

Argumento

La plácida y serena etapa infantil de «Baby«, que así es conocida por todos esta joven, va a convulsionarse también durante una fiesta en el hotel en el que se aloja con sus padres, los Houseman. Dicha fiesta es en un hotel de las montañas de Nueva York, convenientemente cerca de la ciudad pero a las afueras. Algo que no deja de ser también simbólico y significativo como los nombres de «Baby» y «Houseman» lo son en sí de una época que parece estar saltando por los aires. ¿Nos suena esto?

Los acontecimientos supondrán un revulsivo que les hará confrontar su plácida vida familiar tan confiada y serena pero también obtusa y monótona y, lo peor de todo, rígida. La lectura que podemos hacer hoy de Dirty Dancing aparte de disfrutar y canturrear en inglés «inventao» o el que tenga más nivel con buena pronunciación es, por otra parte muy actual. Años 60 son años de cambios e incertidumbres sobre todo en la sociedad norteamericana que refleja el musical pero también a nivel mundial.

Romance

El detonante será un encuentro con Johnny Castle un joven guapo, arrogante y famoso profesor de baile del hotel que es objeto de deseo por parte de las jovencitas apuntadas a sus clases y para el que el encuentro también supondrá bajar del pedestal de su simbólico castillo y enfrentarse a sus emociones, debilidades y mostrar la ternura que late y corre por sus marcados bíceps.

Desde este planteamiento inicial el desarrollo ya está planteado y en él se van mezclando alguna situación dramática con final feliz y otras sarcásticas y divertidas. Personajes menos marcados pululan por este hotel y también nos permiten ver la composición de la sociedad de esos años que tanta importancia tuvieron en décadas posteriores.

Legado

El musical sigue fielmente a la ochentera película y cumple así la expectativa del que quiere recibir la emoción que aquella le originó. En el patio de butacas había muchos que fueron jóvenes en aquellos años pero también muchos otros jóvenes de hoy y familias con padre y madre acompañando a sus hijos e hijas como si hubiera algo de legado generacional en esta obra que por otra parte y dejando el conflicto personal y social de la trama y alguna que otra bastante indiscreta escena, algo subida de tono, es perfectamente recomendable para todas las edades. Lo cierto es que el argumento en sí mismo se mueve en ese espacio liminal o de transición de la inocencia a la madurez obligado por un cambio que normalmente es impuesto desde fuera pero que se afronta de manera personal.

Actores

Los actores protagonistas Dani Tatai y Sara Ávila Román están muy ajustados a su papel y ejecutan de manera notable la evolución de los personajes a los que interpretan. Esta obra de teatro tiene también momentos de clara tensión sexual muy bien resueltos y con algún guiño al público más adulto y que no distorsionan sino que están muy bien integrados en el desarrollo de la misma y elegantemente representados.

El punto redondo o broche de oro es el tema «The time of my life» que nos pone los pelos de punta y se captaba una especial vibración en la carpa del Ibercaja Delicias. Es como sintonizar con el ADN de los musicales, la quintaesencia que nos transporta y nos remueve y renueva.

Escenografía

El espectáculo cuenta con decorados movibles que permiten ir cambiando los ambientes. El dinamismo que supone la acción se resuelve con escenarios giratorios por los que se mueven y suben y bajan los actores y actrices. Dichos escenarios y un cambio de iluminación oportuno permiten dar la agilidad y versatilidad que requiere el desarrollo de la obra. Muy acertada la escena en el lago o la clase en el agua que se realiza muy sincrónicamente y resuelve muy bien la necesaria simulación teatral.

Conclusión de la Crítica de Dirty Dancing

Una propuesta muy solvente que teatralmente nos sitúa en las escenas de la película que todos hemos visto y oído y una oportunidad de no dejarla pasar tanto si hemos visto o no la cinta de los 80 y vibrar así con este clásico más actual que nunca.

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