Critica de Gruyère

7 de octubre en el Teatro Lara de Madrid

Gruyère. Con Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía
Gruyère. Con Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía
Gruyère. Una inmersión en la difíicil situación de una pareja. Su dura realidad contemplada con humor y ternura.

Crítica de Gruyère.
Teatro Lara de Madrid.
Una crítica de Javier Torres

Reparto: Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía
Director: César Maroto
Dramaturgia: Alfonso Mendiguchía
Iluminación y escenografía: Víctor Mones
Vestuario: Remedios G. Insua
Música original: David Bueno
Diseño gráfico/visual: Manolo Pavón
Vídeo: El ojo Mecánico
Animaciones: Eduardo Avanzini
Comunicación y prensa: Rosa Arroyo y Almudena Paredes
Marketing: Saray Neila
Distribución: Paz Álvarez

Horarios y sesiones para ver esta comedia

Crítica de Gruyère

El Teatro Lara nos invita a una inmersión total en la situación dramática que vive una pareja y nos conduce durante toda la representación siguiendo el vaivén algo desesperado y a contrarreloj que sólo es posible sobrellevar porque la dura realidad se contempla con humor y hasta con cierta ternura.

Gruyère es una metáfora de la sociedad, del laberinto por el que cual conejillos de indias o ratoncitos de laboratorio nos movemos los seres humanos en esta estructura social llena de trampas y alcantarillas por las que en ocasiones resbalamos y en otras somos arrojados.

Los personajes que ya pasan los cuarenta han intentado de todo, probado todas las llaves pero ninguna abre, han llamado a todas las puertas pero sin respuesta alguna o aún peor, con alguien que les echa o les rechaza sin ni siquiera abrirles. Logran “in extremis” agarrarse al último resquicio pero ello supondrá una cuenta atrás de tres días terribles en los que se hunden aún más por un agujero que no parece tener fondo.

Un particular descenso intentando salvar sus vidas agarrándose a esa última esperanza para no verse debajo de un puente. El destino les tiene preparada una sorpresa que parece la solución a la terrible situación económica que atraviesan pero no deja de ser otra trampa, otro agujero en ese queso gruyère aunque en este caso la caída parece más profunda y desesperada porque lo que está en juego es su propia conciencia, sus propios principios.

Se inicia así un juego dialéctico entre la conciencia y la necesidad más perentoria, la voluntad y el deber, el deseo y la contundente realidad. En ese juego dialéctico las cartas están marcadas y se engañan o tratan al menos de zafarse del destino, de sus contradicciones y de sus imperativos morales.

La obra entra en el espectador por el humor y por lo disparatado de algunas escenas pero las situaciones que plantea son de un conflicto social y moral desbordante.

Montaje

La obra se desarrolla en escena con un montaje sencillo pero muy versátil y con unos recursos escénicos que fluyen dinámicamente gracias a la magistral interpretación y coordinación de los intérpretes.

Actores

Alfonso Mendiguchía y Patricia Estremera, que son Ernesto y María respectivamente en la obra, están absolutamente impresionantes. Resueltos, dinámicos, creíbles, versátiles son desde el primer segundo y hasta el último la clave para que la narración se desarrolle coherente, estimulante, divertida y apenas dejan un nanosegundo entre personaje y personaje para que el espectador contemple maravillado como el cambio de registro y la versatilidad de ambos son excepcionales.

Gracias a su fantástica interpretación y a unos diálogos ingeniosos y divertidos es posible contemplar cómo esta pareja se enfrenta a unos retos que más allá de lo social o profesional se refieren a su propia manera de ser y de entenderse.

Conclusión sobre Gruyère

La obra presenta esta dialéctica entre lo malo y aparentemente malo y lo malo y aparentemente bueno. La elección propia entre el bien y lo provechoso y beneficioso para uno aunque no pueda entenderse propiamente como bueno. Lo precario de los principios cuando se la juegan en el día a día de la imperiosa necesidad y como el autoengaño se impone por la urgencia de lo útil y provechoso a nivel individual y porque el tiempo apremia y la ocasión la pintan calva.

Una ocasión, la nuestra, para realizar este critica de Gruyère, y para disfrutar de una obra muy completa que desde el oxímoron de presentar un drama, o muchos, del día a día con un toque de humor y comedia no deja indiferente. Una interpretación grandiosa de la que se disfruta cada segundo y un diálogo ingenioso y divertido. Una excelente propuesta del Teatro Lara para este otoño.

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