El espíritu crítico, el Teatro y el Parlamento

Juan Diego Botto se hará cargo de la dirección de la sala privada Mirador. Se trata sin duda de una excelente noticia, pues su estela de popularidad bien merecida por una trayectoria de trabajos excelentemente realizados, tanto en la interpretación como en la dirección escénica, es un espaldarazo ya no sólo a la propia sala que gestionará, sino en general al sufrido mundo de las salas alternativas.

Este tipo de salas cumplen una función fundamental en el panorama teatral.

Muchos de los montajes que en ellas se exponen, difícilmente tendrían cabida en los circuitos comerciales, en donde prácticamente el atractivo de las propuestas, lejos de estar en los textos que se exhiben, pasa por tener un cartel con caras conocidas de la televisión. Está bien y es comprensible desde el punto de vista empresarial que así sea, pero justamente por eso es tan necesario que el teatro alternativo y las salas donde éste se exhibe, gocen de buena salud, pues es en ese círculo donde, en mi opinión, se encuentran hoy en día la mayor parte de las propuestas innovadoras, atrevidas y sorprendentes.

Por ello hace bien en decir Juan Diego Botto, en una entrevista en el periódico El País que el teatro “es un sitio en el que se habla del ser humano y se apela al corazón y a la razón” aunque a mi modo de ver lo remata desacertadamente cuando dice “y todo colectivamente”.

Yo, particularmente, prefiero hacer esa reflexión de manera individual. Para mí el objeto del mensaje debe ser el individuo de manera que active su análisis crítico y lo convierta en un instrumento eficaz para el progreso. Si la suma de la reflexión individual trae consigo una acción conjunta con otros individuos, críticos y analíticos a su vez, el resultado será esperanzador, pero si el mensaje desde la escena va dirigido a la conciencia de un colectivo convencido previamente, entonces se entra peligrosamente en el terreno de la demagogia y el adoctrinamiento, con lo cual la crítica se convierte en ensañamiento hacia el oponente convenientemente identificado, prevaleciendo la consigna sobre el análisis, es decir, eso que tan bien hacemos en España: ver la paja en el ojo ajeno.

Qué duda cabe de que la inteligencia de la que siempre ha hecho gala este brillante intérprete, puede ser un bálsamo esperanzador para el sector del teatro alternativo. Las propuestas que se van a poder ver en la sala Mirador, de las que habla Botto en la interesante entrevista, tienen todas una pinta extraordinaria y muy sugerente.

Es difícil que artistas renombrados utilicen su popularidad para ayudar a tirar del carro y más difícil aún, que eso se haga con inteligencia y sentido de la responsabilidad.

Yo creo que este es el caso de Juan Diego Botto, aunque debo decirle desde mi blog que no comparto para nada la idoneidad de la utilización de ese lema del mayo del 68 que presidirá la entrada de la sala Mirador: “Cuando el Parlamento es un Teatro, el Teatro debe ser un parlamento”. No puedo estar más en desacuerdo. Primero porque sencillamente es su opinión. Intuyo por ello que el Parlamento le parece un Teatro porque sus simpatías no están en sintonía con la mayoría parlamentaria. Tampoco las mías, lo puedo asegurar, y no por ello creo que la actividad que emana del mandato otorgado por los ciudadanos a través de las urnas, la soberanía popular, deba desarrollarse fuera de un lugar que ha costado tanto esfuerzo y sangre, consolidar y preponderar sobre el caciquismo o la ira asamblearia. No todos los políticos practican la cleptocracia (y conste que tengo ganas de ver a muchos de ellos ante un juez) como no todos los espectadores deben ser tratados como si estuvieran guiados por una suerte de conciencia colectiva. Contra la corrupción se lucha con ciudadanos comprometidos con su papel de observadores dentro del respeto de las leyes y el orden democrático y no con eslóganes como el que nos ocupa, que precisamente tienden a deslegitimar el sistema. Lo revolucionario para mí hoy en día es regenerar el sistema con las armas que este nos otorga, no destruyéndolo.

Por otra parte, como director de esa sala, debería no olvidar que algunos de los espectadores que pueden sentir curiosidad por los interesantes montajes, que seguro va a programar, pueden estar satisfechos con la labor parlamentaria de todos o parte de los diputados que nos representan en el Parlamento (están donde están por la libre elección de los ciudadanos, entre los que él se encuentra) o sencillamente pueden tener un respeto profundo por la función que cumple el parlamento en la organización de nuestra estructura democrática y nuestro régimen de libertades.

Por eso, esa frase que va a presidir la sala Mirador, no sólo me resulta inapropiada para un lugar donde la palabra y el espíritu crítico deben estar siempre presente, sino que podría resultar dogmática y arrogante pero sobre todo, poco certera: no es cierto que el Parlamento sea un Teatro, aunque sí es necesario que el Teatro se convierta en un Parlamento en el sentido etimológico del término, pero no en el de la acepción que hace referencia al lugar donde se discuten las leyes. Para discutir las leyes ya está el Parlamento.

Sin ir más lejos en Egipto alguien pensó también que el Parlamento era un Teatro, razón por la que los militares decidieron otorgarse el papel de “actores” aclamados por una parte de ciudadanos desencantados con lo que habían elegido unos meses antes. Mal asunto, pues así nunca será posible que el tejido político se regenere por aquellas latitudes.

Estoy seguro de que Botto no concede a esa frase, "Cuando el Parlamento es un Teatro, el Teatro debe ser un Parlamento", un valor literal y por ello será consciente de la labor imprescindible del Parlamento, pero precisamente, aquellos que lideran proyectos y generan opinión, como él, deben tener cuidado en la utilización de eslóganes que otros pueden dar por consignas a seguir literalmente. Eso sólo contribuye a denigrar lo que tanto esfuerzo costó que tuviéramos: una Democracia igualitaria y participativa.

Como sea, es una gran noticia que Juan Diego Botto haya decidido dirigir esta sala, pues talento e iniciativa le sobran, sin duda. Por ello estoy seguro de que la reflexión y el espíritu crítico acabarán desplazando en este magnífico proyecto que emprende el conocido actor, a la ideología y a las consignas anacrónicas, que tal vez resolvieron los problemas en el pasado (no estoy seguro del todo de esto último) pero que tan alejadas me parece que están hoy en día de las ideas de regeneración que han de sacarnos del dique en que estamos embarrados.

Salud, amigos.

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