El Éxito

Ignasi Vidal

El éxito es algo relativo y siempre depende de las expectativas creadas. Para mí, cuando hace cinco meses planeamos el proyecto "Póker de Voces" las expectativas no pasaban de un simple concierto de cuatro amigos para otros amigos, de manera que al ver en lo que se ha convertido todo esto, puedo decir que hemos superado con creces las expectativas creadas.

Pero quien realmente marca el éxito o el fracaso de algo es el público que llena una sala según el entusiasmo que muestre ante lo visto y en este caso, gracias a vuestro interés, hemos convertido este simple show en un éxito que nos sitúa en un camino de rumbo incierto pero cargados de ilusión. Es nuestra particular Odisea lo que ahora nos convierte en cuatro Ulises (cinco con Zenón) en busca de nuestra Ítaca en una inmensa nave cargada del combustible que suponen vuestros mensajes de apoyo constantes. Bajo este prisma, ¿existe el verdadero éxito como algo tangible? Ya veremos.

Así que siendo de dominio público el éxito (suponiendo que exista) de nuestra premier en el Arteria Teatro Calderón Häagen- Dazs, no os voy a martirizar con un relato de lo sucedido aquella noche. Hoy voy a utilizaros como confesores de un secreto que tengo guardado. Este secreto está dentro de mí ¿y que había dentro de mí, aparte de un amasijo de venas, arterias, vasos, músculos, huesos, órganos vitales y los que no lo son tanto? Nervios, muchos nervios antes de salir, especialmente en los diez minutos previos. Creo que nunca me había sentido tan ‘en la cuerda floja’ como la noche del 25 de Abril de 2011 pues en este show, en PdV, nos presentábamos sin trampa ni cartón. Éramos cuatro equilibristas ante un triple salto mortal sin red. En esos momentos de incertidumbre evocas todo tipo de amuletos mentales. Aunque no soy supersticioso procuro tener una rutina en los instantes previos a un estreno. Suelo pensar en mi familia, esa noche en concreto en mi madre, como algo reconfortante, en los que están en el Teatro, esta vez, mi hermano mayor y mi hermana más mayor aún, en los que no han podido venir pero sé que están conmigo, es decir mi hermana pequeña y en los que ya se fueron, especialmente en mi padre al que le suelo pedir ayuda desesperada en esos críticos y no menos adorables minutos de espera antes del acorde inicial y esa noche no iba a ser menos.

Es curioso como funciona la mente humana. A priori diría que no creo en Dios, ni en el más allá, ni en otra vida después de ésta, pero cuando me encuentro ante un estreno, a un paso de entrar en la escena, todo eso viene a mi cabeza y como una tabla de salvación en medio del océano me agarro a ella. Eso me lleva a pensar que la verdadera casa de Dios, en caso de existir éste, no sea la Iglesia sino el Teatro.

Mi padre, como era hombre de Teatro, me parece el referente más adecuado al que pedir ayuda. Seguramente es a él a quien le debo que hoy las tablas sean mi hogar, pues lo fue el de mis hermanos y el mío cuando éramos pequeños y es en él dónde me he sentido más seguro cuando he sido adulto, porque desde que nací hasta hoy mi casa ha ido cambiando de calle, de ciudad… pero un Teatro, por diferente que sea, por alejado que esté de otro en el que hayas estado anteriormente, siempre parece el mismo Teatro de tus remotos recuerdos de niñez y en él siempre siento el alma de mi padre.

También tuve un pensamiento para mis compañeros de profesión. No para todos, sino para los que se dedican o se han dedicado alguna vez al Teatro Musical. De alguna manera, en la noche del 25 de Abril, nos sentíamos embajadores de todos ellos, tan injustamente tratados por muchos compañeros que se dedican a otros géneros. Me venían a la cabeza muchos amigos de profesión sin los cuales mi carrera habría tomado otros derroteros y a ellos también les debo agradecer que hoy en día esté disfrutando tanto de mi trabajo. Pensé en los montajes en los que he estado hasta llegar a este estreno y me preguntaba si realmente merezco tanto. No es falsa modestia, porque aunque a estas alturas me cueste enumerar los trabajos en los que he participado, pienso, también, que nunca son suficientes para merecer tantos elogios. Pensé en la suerte que he tenido, la perseverancia, la paciencia… pero sobre todo en la suerte. Pensé en mis pocos amigos del alma…

Y entre tanto pensamiento y eternos tragos a mi botella de agua, sin darme cuenta, me vi ante toda aquella sala repleta de gente y entonces me vinieron a la cabeza, Martina, Teo, mis queridos hijos y Celia, mi mujer, que son los tres pilares básicos donde se sustenta todo el armazón del entramado emocional llamado Ignasi Vidal.

Lo demás, los que lo visteis tendréis vuestra propia impresión. Yo lo viví como algo mágico. Recuperar ‘One song glory’, tal vez fue lo más emotivo a nivel personal. Como digo cada uno de vosotros lo habréis sentido de una forma distinta o igual, no sé. Para mí fue maravilloso, tanto que ya cuento los días que faltan para volver al Arteria Teatro Häagen-Dazs Calderón el próximo 23 de Mayo y sentir de nuevo el terremoto emocional que supone saltar a la arena.

Vaya, empiezo a escribir con el mismo impulso que siento en los momentos previos a un estreno. Mejor me lo guardo todo para cuando llegue, pues ya os he descubierto una parte de mí que no pensé que fuera a mostrar nunca.

Antes de terminar una constatación: PdV le cambia la vida a uno, eso sí os lo puedo asegurar.
El éxito, extraño juguete informe pero presente en nuestras oraciones, tiene miles de formas y caras imprevistas. Quién sabe si lo habremos siquiera rozado una vez… y es que a lo mejor, el éxito ni siquiera exista, como Dios, así que sólo nos queda agarrarnos al cariño que campa por doquier. Eso sí que existe, el cariño… umm! Gracias por el vuestro.
Os espero el 23 de Mayo.

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