El silencio, en peligro de extinción.

Luis Zueco

Me gustaría que mi primer post en este blog sirviera para revindicar una sensación que tiene muy mala fama en la sociedad actual. Tanta, que hay quienes huyen de él como si fuera una enfermedad. Que lo temen y lo detestan, que no lo comprenden y lo menosprecian. Hoy voy a escribir sobre el silencio.

No soy un iluso, sé que buscarlo hoy en día por las calles de una ciudad es una utopía. No pido eso. Pero ni siquiera es posible encontrarlo en una cafetería, o en un parque. Ni dando un paseo, ni sentado en un banco. Tampoco en nuestros hogares existe ya el silencio, lo han ahuyentado los vecinos, el ruido de los coches, el zumbido de los ordenadores y los tonos de los móviles.

Hace poco leí una entrevista a Juan Mayorga donde el dramaturgo comentaba que “En el teatro el silencio se escucha”. Creo que tiene toda la razón, porque el teatro, más que nunca, es hoy un lugar donde ponerse a salvo. Donde acudir para comprobar que hay sentimientos y pasiones que todavía existen. Donde encontrar, por fin, actores y actrices de verdad, no de cartón piedra. El teatro se ha convertido en una isla en medio del océano de la pesadumbre. Por todo ello, no es de extrañar que el silencio también se haya refugiado en sus salas.

Y es que el teatro es uno de esos pocos lugares donde, casi siempre, el público todavía apaga sus tablets y smartphones, y permanece en silencio. No sucede así ni en las exposiciones, ni en los conciertos y, creo que ya tampoco, en el cine. El teatro es un espacio donde te sientas y permaneces en silencio, y hay quienes, descubren que habían olvidado ya qué era esa sensación. Pero el silencio en el teatro es mucho más que eso. Es también darse cuenta que el silencio puede ser el grito más fuerte, el más ensordecedor. Que a veces el silencio es capaz de hablar y decir más que las palabras. Que el silencio puede ser una bofetada, que puede doler y puede herir.

No lo nieguen, en la vida corriente huimos del silencio. ¿O cuánta gente al entrar a una habitación, bien sea de su casa, del vecino o de un hotel, lo primero que buscan es la televisión para encenderla? Aunque no sepan qué hay esa noche en la programación. Aunque no les importe, aunque no pretenden verla, aunque solo sea una coartada para combatir el silencio.

¿Por qué le tenemos tanto miedo al silencio?

No lo sé. Pero retomando la frase Mayorga, sí creo que en el teatro el silencio se escucha. Y también pienso que, si cuando salimos de ver la representación de una obra, volvemos a nuestra casa con la sensación de que hemos escuchado de nuevo el silencio; y descubrimos que podemos disfrutar de él. Solo por eso, ya habrá valido la pena ir al teatro, por eso y por muchas otras cosas, que es mejor ir descubriendo poco a poco.
 

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