Es un pájaro, es un avión!

Enrique R. del Portal

Aún llegué a jugar con cajas de cartón, que en mis manos se volvían vehículos extraordinarios, carreras de chapas, convertidas en ases del ciclismo, o monumentales combates de soldaditos de plástico. Fabricábamos futbolines y flippers con tableros de deshecho y unas cuantas gomas elásticas, y unas pocas pinzas de tender la ropa se convertían en un arma de máximo peligro.

Teníamos nuestros héroes de cómic, aunque siendo niño los llamábamos tebeos, y el cine era una ventana a galaxias enfrentadas y seres fabulosos, que alimentaban nuestra fantasía de niños y adolescentes. Era la segunda mitad de los años 70, y jugábamos sobre todo en la calle, a veces peleándonos unos contra otros, otras, aliados contra enemigos invisibles.

Pero no creáis que quiero hacer un canto nostálgico a mis juegos o mi ocio de niñez, entre otras cosas porque ya no quedan nostalgias como las de entonces… No, ahora en serio. Me pareció increíble el adelanto de la tecnología en los juguetes, el avance de los efectos especiales en el cine que tanto me entretenía (y me entretiene) y me quedé sencillamente asombrado con la llegada de los juegos de ordenador, que disfruto muy a menudo.

La verdad es que el mundo del ocio y el entretenimiento tiene un grado que creo que no ha tenido nunca, por eso, a pesar de pasar ya de los cuarenta, en muchos momentos me siento un adolescente grande, y no tengo ningún pudor en disfrutar de una buena partida de Quake IV, una película fantástica o de súper héroes. El caso es que a éste último género no he sido excesivamente aficionado, aunque he visto algunas películas que me han parecido de una calidad destacable. Aunque recuerdo con cariño aquel "Supermán" de Richard Donner que vimos en 1978. Hoy en día no tendría demasiado sentido el inevitable tono naif que tenían aquellas cintas, y ha sido reseñable la profundidad que han dado a sus personajes directores como Bryan Singer en la saga de "X Men", Jon Favreau en "Iron Man", Kenneth Branagh en "Thor", Christopher Nolan en la oscura saga de "Batman" o Zack Snyder su revisión de Supermán en "El Hombre de Acero".

De manera que el público ha encontrado una nueva dimensión en estos personajes, algo más profunda, interesante y, en ocasiones, atormentada. A lo que también ha ayudado que los realizadores han puesto en manos de grandes actores, tanto en protagonistas, antagonistas, como en los personajes secundarios, los repartos de sus producciones. Todo esto ha hecho que haya una gran identificación, por parte de un sector de la audiencia, de ciertos personajes con su intérprete, y así llegamos a el caso de que un actor que ha sido propuesto para interpretar a uno de estos héroes, por una gran compañía, recibe la reprobación de un sector internacional de aficionados, que considera que no es digno, o merecedor de ese rol.

No puedo creerlo. Supongo que es algo así como querer teledirigir el ocio que consumimos hasta un grado absolutamente enfermizo. Quiero ver esta película, pero con este protagonista, este decorado y este diseño de producción. Aun así supongo que todavía quedaría algo por criticar o comentar, para poder, a la salida del cine, mantener una charla con los amigos sobre lo que nos ha parecido la peli.

No sé a qué se debe que el público se haya arrogado ese poder de manipulación de los productos, incluso antes de ser consumidos. O sí creo que lo sé. Las redes sociales, que ofrecen un poderosísimo medio de comunicación y aún más, de coerción. Y las compañías y productoras son muy conscientes de ello, y sin apenas gastarse un céntimo, están publicitando una producción que se rodará dentro de no se sabe cuánto.

Esto ocurre con el cine, con el teatro musical, con los videojuegos… Al poder opinar sobre ello, y tener un espacio donde te van a leer unos cientos de conocidos, nos hemos creído diseñadores de nuestro entorno, y nada más lejos de la realidad. Espero no pecar de exagerado o pesimista, cuando me imagino una distopia no muy lejana en el que todos estaremos embobados firmando en nuestros perfiles para que el virtual y sufrido protagonista de "Half-Life VII" no se llame Gordon Freeman, o cualquier insensatez por el estilo, mientras nos engañan y predeterminan nuestras vidas de la forma más absurda, como los niños que no dejamos de ser. Una especie de Soylent Green o Un Mundo Feliz edulcorados.

Por otra parte siento una extraña mezcla de pena, miedo y lástima, cuando veo el valor metafísico que algunos le están dando a ese disfraz negro, que por otra parte es de mentira. Seguro que ellos ya lo saben, pero siguen considerando importantísimo que no sea mancillado por Ben Affleck, actor que por otra parte cuenta con un palmarés que muchos quisieran.

Ya, ya sé que esto no quiere decir nada, y no penséis que tengo algún interés en defenderle, pero igualmente no quiere decir nada Batman, ni cualquier superhéroe, o cualquier personaje de ficción. No es que piense que es un tipo embutido en un traje de neopreno repartiendo mamporros a los malvados súper villanos, pero por ahí se anda la cosa. Pasar un rato divertido y comentarlo con los amigos en compañía de unas palomitas y unos refrescos, ¿no?

En el fondo les envidio, lo admito. Ser “friki” de algo así con esa intensidad, lleva a pasiones desmesuradas que dan mucha sal a la vida. De hecho yo lo soy de algunas películas, de algunas novelas y de algunos cantantes (¡Ay, como a Pimpinela se le ocurra hacer una versión de The Police, la que armo!). Creo no haber alcanzado ese extremo, que, siento la honestidad, me parece tontorrón. Eso sí, dadme tiempo y llegaré, es sólo una cuestión de grado.

Que la fuerza os acompañe, hobbits.

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