Gracias Presidente

Ignasi Vidal

Ayer por la noche, al llegar a Gijón para continuar con la gira de "Los Miserables" ya en la habitación del hotel, mientras mi hija Martina leía tranquilamente en la cama, me dispuse a ver las noticias del día en el canal 24 Horas donde la información giraba casi en su totalidad en torno a la figura del ex presidente Adolfo Suárez. Entonces mi hija me preguntó quién era ese señor.

Es así, la vida pasa y aquellas figuras y personalidades que a nosotros se nos antojan imprescindibles para entender nuestra realidad, quedan obsoletas para los que vienen detrás. De esta forma un día, paradójicamente, mis hijos disfrutarán de un régimen de libertades sin reparar en el esfuerzo que otros tuvieron que soportar para que esto llegara a ser algo normal, como lo es respirar. Un ejemplo clarísimo de lo que Oscar Wilde llamaba “la obra perfecta”, aquella que era conocida por sí misma sin necesidad de recordar el autor y es que, paradójicamente también, el autor principal de nuestro régimen de libertades murió víctima del Alzeimer, que como todo el mundo sabe es una enfermedad degenerativa en la que, entre otras cosas, la memoria va diluyéndose hasta quedar prácticamente vacía de recuerdos. Es decir, hasta el mismo Suárez, seguramente, olvidó que él era el autor de tan beneficiosa obra: La Democracia.

¿Pero qué debo hacer yo como padre ante semejante pregunta? Sin duda, creo que no es justo que mi hija no sepa quién era Adolfo Suárez, precisamente por la importancia que la impronta de su acción política tiene sobre la vida de ella.

Entre las cataratas de artículos que he leído en la prensa durante estos días en referencia a la figura de Suárez, recuerdo una valoración sobre la trayectoria política de éste, sin (paradójicamente, otra vez) acordarme de su autor, que decía algo así: “Suárez fue un magnífico y genial político de estado a la hora de tomar decisiones trascendentales, sin embargo se trató de un mal político de partido.”

Tomando esta afirmación como cierta, podemos ver que, sin duda, Suárez era un político excepcional, pues lejos de ser esta valoración algo negativo se trata de una alabanza que sonrojaría a prácticamente todo el plantel de políticos que hoy se sienta en el Congreso de los Diputados y en el Senado.

Parece ser que este hombre sólo se sentía cómodo en la cuerda floja, fajándose con unos y con otros en pos del interés general, tomando decisiones de gran calado cuyo beneficio se vería a largo plazo y que los embrollos internos de la política, que fueron en gran medida culpables de su caída, nunca ocuparon un lugar en su agenda. Para mí este es el servidor público perfecto.

Por ello, cuando mi hija me preguntó por él, no pude contestarle al momento. Pensé: “¡cuánto debo agradecerle a este señor todo lo que hizo por mí!”.  Pues sí, entre otras cosas, por ejemplo, el hecho de que hoy pueda escribir aquí lo que me plazca sabiendo que yo y sólo yo, soy el responsable de mis opiniones.

No era, pues, tarea sencilla explicarle a mi hija quién fue y qué significa Adolfo Suárez para todos. Y como de bien nacidos es ser agradecido, le dije que se durmiera y que al día siguiente le explicaría, no sólo a ella, sino a todos los niños que viajan con nosotros en la gira de "Los Miserables" quién era y qué hizo por todos nosotros este señor.

Así, esta mañana, la misma en la que va a ser enterrado en Ávila el padre de la democracia española, me he sentado, con permiso de los maestros, delante de los seis niños, entre ellos Martina, y empezando por el mismo momento en el que el Rey nombra a Adolfo Suárez Presidente del Gobierno, hemos hecho un viaje divertido y ameno por los años en los que se transitó desde un régimen restrictivo de libertades a una democracia parlamentaria de pleno derecho.

Este ha sido mi homenaje particular a un hombre al que le debo mucho, al que todos debemos mucho. Porque puede que Oscar Wilde tuviera razón pero ¿y si no la tiene?, ¿y si es mejor saber, en determinados casos al menos, el autor de la criatura? Por ejemplo, ¿quiénes son aquellos que hicieron posible que habitásemos un lugar mejor, con dignidad, con derechos y con las obligaciones que emanan de esos derechos?

Por si acaso yo he preferido contarle a mi hija quién fue este hombre excepcional, con sus defectos pero con sus muchísimas virtudes, para que nunca olvide que la democracia es un tesoro valiosísimo que debe cuidar y respetar y del que disfruta gracias a Adolfo Suárez.

Ojalá se lo hubiera podido agradecer en persona, pero ya que eso es imposible qué menos que agradecérselo así, transmitiendo el valor de su obra a los que vienen detrás de nosotros.
¡Y vaya si ha quedado claro el mensaje!. En una posterior redacción que Martina ha hecho, ha escrito entre otras cosas lo siguiente: “… y gracias a él hemos aprendido que las cosas no se solucionan haciendo guerras”. Genial, ¿no? Con sólo nueve años.

Misión cumplida, señor Suárez y gracias, muchas gracias por su obra.

Descanse en paz, Presidente.

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