Lo que debería unirnos

Ignasi Vidal

Soy un ciudadano cansado, desolado y decepcionado, pero cabezota, así que lo vuelvo a intentar.

Muchos amigos y familiares de mi tierra a los que quiero, tienen la opinión de que los Aznar, Rajoy, de Cospedal, sus Gürtel y su estúpida propensión a utilizar el anticatalanismo en determinados momentos con fines electoralistas, ha llevado a Cataluña a la radicalización soberanista de una buena parte de la sociedad catalana, cuyos líderes políticos, aprovechando la coyuntura, la han conducido a un callejón sin salida.

Admiten, a la vez, muchos de ellos, que Mas, que se ha pasado de frenada, se ha envuelto en la "estelada" para esconder sus defectos como gobernante y ganar así el terreno perdido frente a ERC, partido que no dudaría en despeñar por un barranco al abismo aquello que, dicen sus militantes, es su patria, con tal de sentirse "libres" de España, como si ellos fueran víctimas de algún tipo de represión por parte de esta.

Es cierto, hay un sentir general de una parte importante de los catalanes, equivocada en mi opinión, que identifica a España con el PP, partido que hoy defiende lo que cuando está en la oposición es capaz de poner en la cuerda floja si a sus intereses conviene hacerlo y a quienes se ve allí como una panda de corruptos a los que se les han agotado las excusas pero no la cara dura.

A estas alturas tampoco se fían de quien se alterna con éstos en el poder, el PSOE, metido hasta el cuello en escándalos de corrupción tan intolerables como los de sus contrincantes políticos. A estos tampoco les sobra cara dura.

Ante tal situación, en Cataluña, hay quienes prefieren que les roben aquellos a los que consideran de "los suyos" y de ahí que ni la corrupción practicada así mismo por CIU sirva para echar al Mesías de la Generalitat, el mismo que les ha llevado a una situación tan incierta como descabellada.

Sí servirá para ello, en cambio, la desenfrenada carrera por mostrarse ante la opinión pública catalana como el más independentista de los independentistas, batalla perdida de antemano ante un rival tan predispuesto a las aventuras de final incierto como Junqueras.

La más extendida de las opiniones en Cataluña, entre los que se manifiestan, claro está, es que no quieren estar más en un país donde no se les quiere ni se les respeta, gobernado por un señor tan poco de fiar como Rajoy. A estas alturas ni siquiera entraré a discutir si esto es así o si no lo es, además estoy hasta el gorro del tema. A mí tampoco me gusta Rajoy, nada, pero lo que sí me niego a aceptar es que estos señores que nos gobiernan sean representativos de algo más que del gobierno que, antes o después, se esfumará para suerte de todos.

España, la España con la que me siento muy identificado y que enterrada bajo los montones de estiércol que le han lanzado los ineptos, casposos y corruptos dirigentes que tenemos, apenas consigue asomar la cabeza para respirar, es una España de gente excepcional, brillante, cabal y honesta, esa que asusta a la mayor parte de nuestros políticos actuales, a quienes sólo les interesa la estupidez y la mediocridad entre la que se sienten seguros.

Esa España, la otra, la que Mas y Rajoy quieren hacernos creer que no existe, la construyeron señores que lucharon por tener una país con un régimen de libertades donde todo el mundo pudiera decir lo que piensa. Muchos se quedaron en el camino y otros tantos perecieron en el mismo, porque este siempre ha sido un país dominado por caciques despreciables a los que les costó muy poco desactivar a la sociedad civil.

Entre tanta mugre y caciqueo gente como Pi i Margall, Estanislao Figueres, Azaña, Clara Campoamor, Carrillo, Gutierrez Mellado, Fdez. Miranda, Suàrez, Herrero de Miñón y muchos otros; artistas e intelectuales como Machado, Lorca, Alberti, Pardo Bazán, Gala, Ortega, Ridruejo y un largo etcétera, ilustraron y colorearon el sueño que albergaba una considerable fracción de españoles, que no era otro que el de construir un país donde la Democracia y el imperio de la ley estuviera por encima de los megalómanos que continuamente han doblegado la voluntad general, aprovechando siempre la ignorancia que ellos mismos fomentaban y sobre la que sustentaron precisamente su poder en diferentes momentos de nuestra historia.

Pero la Democracia tiene un precio (cosa que muchos han olvidado o ignoran) y este precio es que de tanto en tanto, por el devenir mismo de las inercias de la vida democrática, los problemas que surgen y otras vicisitudes, estos caciques, disfrazados de respetables políticos demócratas, individuos pusilánimes sin capacidad para gobernar, se instalan en el poder.

Sin embargo, el mismo sistema democrático que puede encumbrar a un completo inútil, a través de los votos, puede mandarlo a su casa.

A mí me indigna tanto o más que a muchos de mis compadres catalanes, la inacción política de este gobierno ante la corrupción (cuando no la complicidad) y la ineptitud para hacer algo útil de verdad de cara a evitar el sufrimiento de la gente, pero precisamente por el respeto a la memoria de todos aquellos que tuvieron el sueño de construir una Democracia de verdad como la que tenemos (no es cierto eso que quieren hacernos creer los que dicen que no tenemos Democracia, sí la tenemos) que diera cabida a todos, comprendiendo la diferencia de la que está constituida nuestra particular realidad y con vocación de igualdad entre sus ciudadanos, en un país como España, por el que ninguna de las viejas y evolucionadas democracias de su entorno daba un duro de los de antes, y que finalmente lograron con esfuerzo y valentía la cohesión necesaria para la convivencia, por la memoria de todos ellos, repito, yo defiendo este régimen de libertades, en este país, España, con mi tierra, Cataluña dentro de él y de esta.

¿Qué es mejorable esta Democracia? Por supuesto, sin ningún género de duda, pero para eso hace falta trabajar, para que el país que nos entregaron nuestros padres, mucho mejor que el que ellos recibieron de los suyos, sea mejor cuando se lo entreguemos a nuestros hijos.

Y por eso, también, por respeto a los nobles señores que en muchos casos dieron su vida por defender los valores democráticos y de igualdad, creo que España debe de trabajar unida para echar a toda esa caterva de corruptos y caciques que se han instalado en nuestras instituciones y que tanto en Cataluña como en España, por inacción o por ineptitud o por ambas cosas, pero sobre todo por la corrupción, nos ha llevado a la situación crítica actual. Porque no lo olvidemos, sin la Gürtel, los ERE, Terra Mítica, la Campeón y demás casos de corrupción, en Cataluña, el ciudadano hastiado, que no se diferencia en nada al ciudadano hastiado de cualquier otro rincón de España, el que no quería la independencia y ahora votaría "sí", lo que vería es que aquellos que le hablan de irse del país sólo son los de los recortes y, peor aún, los del Caso Palau, las ITV o los del "3 per cent".
Y aún así, echando a los corruptos no habrá concluido la tarea pues aún habrá un objetivo supremo: Arreglar la educación del país. No es de extrañar que aquellos países que han salido de la crisis en mejores condiciones sean los que tienen más cuidado en esta materia.
Tener una educación que forme personas conscientes de su condición de ciudadanos, a la larga haría que todo el mundo fuera más respetuoso con el vecino y valorara la rica diferencia que nos distingue y que articula nuestra sociedad, razón por la cual este país, extraño pero mío, acabaría cohesionándose de verdad y enterraría para siempre cualquier vestigio de nacionalismo tóxico.

Este es el país con el soñaron los brillantes hombres y mujeres que lucharon contra la tiranía, un país constituido por ciudadanos y ciudadanas críticos, una España que sí existe a pesar de todo, pero a la que parece que aún no hemos aprendido a amar.

Feliz Navidad.

Salud amigos.

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