Lo que te perdiste, Dorio

Ernesto Frattarola

No lo puedo evitar. Cada vez que leo eso de Max, no te pongas estupendo me viene a la mente, irremediablemente, alguna escena de "Luces de bohemia". Como os conté en mi primera entrada, es una obra de referencia para mí. Y lo es hasta el punto de que algunas frases de sus diversos personajes me sirven como muletilla ante situaciones concretas. Por ejemplo, me gusta mucho repetir de manera irónica una frase de Basilio Soulinake: “La democracia no excluye las categorías técnicas, ya usted lo sabe, señora portera”. Hoy la podría pronunciar más de uno de nuestros políticos, de esos que nos tratan como a menores de edad.

Sin embargo, mi entrada de hoy no tiene que ver con la frase citada anteriormente, sino con otra. Nos situamos en la escena séptima de "Luces de bohemia". Max Estrella ha sido detenido y llevado al calabozo por alterar el orden público, y Don Latino se dirige, junto a la caterva de poetas modernistas, a expresar su indignación por el hecho a la redacción de El Popular, un periódico de la época. Allí les recibe Don Filiberto, un redactor, que entabla un breve diálogo con ellos. Don Filiberto también escribe, y pregunta a los poetas si han leído su último cuento. Le responde el que parece ser el jefe de ese grupo, Dorio de Gadex: “Yo nunca leo a mis contemporáneos, Don Filiberto”.

Yo tampoco solía leer a mis contemporáneos, como Dorio de Gadex. Hasta que un amigo, hace ya bastantes años, me hizo una pregunta que parecía inocente: “Oye, ¿tú sabes qué están escribiendo ahora los poetas de tu edad?”. Y no, no lo sabía. Así que empecé a averiguarlo. Afortunadamente, internet es una maravillosa herramienta, por lo que pronto tenía ya una lista de 30 poetas más o menos de mi generación (algo más jóvenes, algo más viejos/as). De esa lista de 30, unos/as me iban llevando a otros/as. Y la lista creció y creció, y sigue creciendo cada día más. Al cabo de un tiempo, la edad dejó de importar en mi búsqueda, y hoy puedo decir con alegría que he leído maravillosas primeras obras de poetas que acaban de cruzar el umbral de los 20 años, al mismo tiempo que sigo descubriendo, gracias a mi ignorancia, a grandes poetas que me llevan varios años y varios libros y mucho talento de ventaja. Y aunque nunca hay que dejar de releer a los clásicos, me doy cuenta de que aquella pregunta de mi amigo no era inocente, porque tratar de responderla me abrió unos horizontes que parecen ensancharse cada día que pasa.

Podría hablaros aquí de decenas de poetas cuya lectura me ha impactado en estos últimos años. Pero no habría espacio suficiente para ello en esta entrada; seguro que, a lo largo de mi andadura en este blog, os hablaré de muchos de ellos y ellas. Sin embargo, sí quiero fijarme hoy en dos poetas que tienen una edad muy parecida a la mía, que escriben de manera muy distinta (entre ellos y con respecto a mí), y a quienes admiro profundamente. Dos poetas que, a su modo, han cambiado mi modo de entender la poesía, y hasta la vida.

Hoy os quiero hablar de José Luis Piquero y de Ada Salas. Pero ya os advierto que no encontraréis aquí una reseña al uso de sus libros: considero que hay personas mucho más capacitadas que yo para estos menesteres, que han escrito y seguirán escribiendo mucho mejor que yo sobre ellos. Además, prefiero que, si alguien se adentra en la lectura de estos dos grandes poetas a partir de este post, lo haga sin referencias previas: que el impacto de sus poemas le alcance de lleno, como me alcanzó a mí en su día. Me gustaría, en cambio, traeros aquí palabras que él y ella han pronunciado o escrito, y que se refieren a su manera de entender la poesía.

Dice José Luis Piquero, en el blog Las afinidades electivas: La poesía, al menos la que a mí me interesa, no puede ser un ejercicio ni un divertimento, ni una ocupación del ocio, sino una apuesta radical por la vida y el conocimiento. Lo malo es que la poesía tampoco nos proporciona demasiadas respuestas; más bien nuevos interrogantes. En cualquier caso yo apuesto en los poemas, en los que escribo y en los que leo, toda mi carne y mi sangre. Con los años me voy radicalizando, me temo. Y le pido mucho a la poesía: que se parezca a la vida, que es a la vez infierno y paraíso, sorpresa y desolación, maldición y gozo.

Dice Ada Salas, en la nota a su antología No duerme el animal (Hiperión, 2009): Siempre me ha resultado difícil leer mis poemas, tanto en privado como en público, y a menudo me he preguntado por qué. Las razones que se me alcanzan son varias, y complejas: un agudo “extrañamiento”, que no existió mientras se escribía el texto, se hace patente una vez escrito (y se acrecienta con el tiempo), a la vez que se hace inevitable la experiencia de una imposible resurrección.

Sus obras más recientes son: de Piquero, "Cincuenta poemas, Antología personal" 1989-2014 (La isla de Siltolá, 2014); de Salas, "Limbo y otros poemas" (Pre-Textos, 2013).

Dos autores, para mí, imprescindibles. Lo que te perdiste, Dorio.
 

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