Menos de 300

Enrique R. del Portal

Pertenezco a una profesión, gremio, oficio, que se ha enorgullecido siempre de vivir en una pertinaz crisis, y de haberla sorteado en una virtual puerta gayola. De superar esos baches periódicos, que la vida o el IVA nos van imponiendo y sobreponerse a todo, teniendo la cara bien pintada en el momento de levantar telón.

Más concretamente, el grupo de cantantes que nos dedicamos al género lírico, que hicimos de la zarzuela una bandera, y que no frecuentamos los grandes circuitos operísticos, hemos visto como este género, intenta dar sus últimas bocanadas, en un charco de indiferencia, de ignorancia y de competencia. Y si no cambian mucho las cosas, se convertirá en un recuerdo de lo que no fue.

Con este telón de fondo, un pequeño grupo de profesionales, con Lorenzo Moncloa a la cabeza como impulsor, a su vez animado por José Grande, creamos una asociación, con la idea de aunar los esfuerzos y resolver una indecible cantidad de problemas que tiene nuestro colectivo, empezando por no ser reconocido como tal y siguiendo por la falta de trabajo. Comencemos con algo fácil, ¿no?

Observar desde dentro la degradación de un género musical y teatral, y perder en unos pocos años, alrededor del 80% de las plazas donde trabajábamos ha sido muy duro. Las razones son diversas, y ya las he expuesto en alguna otra ocasión, y ante esta situación catastrófica, decidimos ponernos en acción. Muy posiblemente sin posibilidad ni esperanza de éxito, pero al menos, que el final de este ciclo, nos cogiera luchando.

Así, en 2012, nos animamos a comunicar a toda la profesión, al menos a los que compartíamos habitualmente espectáculos líricos, la intención de crear una asociación para defender nuestros intereses y, de alguna forma, homologar un colectivo en peligro inminente de extinción. He de decir, que algunos de nosotros, ya habíamos tenido una iniciativa similar hace aproximadamente 20 años, en la que, con el apoyo de CC.OO. que nos cedió sus instalaciones y pagó los correos que se enviaron, llegamos a exigir que se nos reconociese como colectivo, y a partir de ahí, solucionar la larga lista de deficiencias laborales que sufríamos. Perdimos el juicio que se celebró, tras no conseguir que ni los empresarios privados de zarzuela, ni las administraciones públicas, ayuntamiento, comunidad y ministerio, se aviniesen a firmar un convenio colectivo.

A pesar de este antecedente, confiábamos en que en esta ocasión lograríamos una mayor difusión entre nuestros compañeros, en parte contando con la inmediatez de comunicación que ahora nos ofrecían las redes sociales, y porque era un comentario constante la mala situación en la que nos encontrábamos.

Después de formar un grupo en el que, entre compañeros y simpatizantes, llegamos a más de 2600 seguidores, se formalizaron distintas reuniones en las que, presencialmente, intentamos exponer nuestra iniciativa, y provocar una reacción que hiciese que todos los cantantes líricos uniésemos nuestro esfuerzo para defender nuestro gremio. Y así fue como la Asociación Española de Artistas Líricos, a la que cariñosamente llamamos ALE, se puso en pié, con la optimista sensación de que, esta vez, estábamos en el camino correcto.

Tras algunas deserciones y algunas incorporaciones, quedó formado un grupo directivo y de trabajo que formamos Lorenzo Moncloa, Marta Mariani, Belén Bris, Cristina Zambrana y un servidor, que cubrimos distintos oficios del teatro lírico; directores de escena, cantantes, actores, bailarines, y pequeños empresarios, contando con la inestimable y desinteresada ayuda de los abogados José Grande y Gloria Enriquez. Intentamos establecer medidas de acción para informar de nuestra labor, para atraer a cuantos más profesionales mejor. Solicitamos todo tipo de ayuda, desde programadores informáticos, hasta usuarios de excel, pasando por expertos en tal o cual disciplina artística. Dimos de alta la asociación, redactamos los estatutos, abrimos una cuenta bancaria, creamos un logo corporativo, compramos un dominio y pusimos una página web a disposición pública www.artistasliricos.es, para que todo aquel que lo desease, se pusiera en contacto con nosotros, para solicitar información, afiliarse o contarnos sus discrepancias.

Era de suponer que en una año no seríamos tan mediáticos como la Unión de Actores, ni tendríamos la infraestructura de A.I.E. pero establecimos unas previsiones muy moderadas, y constantemente informamos de nuestra actividad y nuestros propósitos a una larga lista de profesionales. Contando con que más de 2600 compañeros reciben las notificaciones que semana tras semana publicamos en nuestra web y en nuestro grupo de Facebook, contábamos con que aproximadamente y en el peor de los casos, un 15… no, venga, un 10% se unirían a nosotros trabajando o asociándose pagando la simbólica cantidad de 5€ mensuales, para mantener nuestra emergente estructura, poniéndonos en algo menos de 300 componentes de ALE.

El resultado no ha podido ser más decepcionante. No sólo estamos en una cantidad ridícula de asociados, y entre cuatro gatos –literalmente lo de cuatro- mantenemos esta especie de sindicato utópico, (feo está decir que precisamente los que peor andamos de tiempo libre), sino que recibimos el más oneroso silencio por respuesta cuando animamos a esos más-de-dosmilseiscientos a trabajar por nuestra profesión, por el teatro lírico, por el teatro musical español, por nuestra forma de vida, por el trabajo al que nos dedicamos. Y aún más deprimente es que cuando nos critican, en vez de exponer nuestras equivocaciones, que deben ser muchas, y plantear alternativas, nos acusan de mafiosos por intentar establecer canales de contratación para nuestros poquitos asociados, o nos plantean las excusas más peregrinas por las que no se han asociado, o nos insinúan que pagar 5€ por “ser contratado en un coro de zarzuela” es un dispendio.

En estas estamos. Me duele terriblemente darle la razón a José Grande, que hace unos días escribía una pequeña reflexión en la que mostraba sus dudas de que realmente seamos un colectivo de profesionales y podamos comportarnos como tal. Somos individualidades compartiendo medio. Y digo más: somos nuestro peor enemigo. Ignorantes, insolidarios, egoístas en grado sumo, como sólo le correspondería a un divo con una agenda de 6 años de trabajo. Incapaces de arrimar el hombro, aunque ese hombro evitaría que la cochambrosa pared que nos queda se nos caiga encima.

Siento una profunda decepción, pero no causada por que no nos hagan caso, -que no nos lo hacen- o porque no nos digan que lo hacemos mal –que no nos lo dicen- sino porque esos más-de-dosmilseiscientos desprecian aquello a lo que se dedican. Esperan sentados quejándose a que alguien establezca las condiciones necesarias para obtener unas migajas de música hoy, y un terrible silencio mañana. Desprecian el esfuerzo desinteresado de unos pocos para despertar la conciencia de grupo que consideramos necesaria para salir de nuestro empobrecedor anonimato. Se desprecian a sí mismos.

Y a pesar de todo esto seguimos trabajando, intentando que ALE crezca. Valorando nuestros pequeños progresos aún a sabiendas de que, posiblemente, nunca veamos los resultados de nuestra pueril credulidad en la naturaleza humana del artista lírico. Y mucho menos, de que nos reconozcan por haber intentado animar a este “colectivo” a mirarse a sí mismo y compararse con el resto de profesionales del teatro.

No somos héroes, ni mejores que ninguno de nuestros compañeros, pero nos hemos pronunciado. Hemos dado un paso al frente para contarles a los demás lo que nos está pasando; nos morimos, casi indefectiblemente, pero nos gustaría caer honrando aquello en lo que creemos. Y que nuestro último grito al perder el aliento sea, ¡Esparta!

No, en serio, es posible unirse, mejorar, aunar nuestros esfuerzos. Complicado, difícil, incluso tortuoso; no imposible. Pero ya sabéis que no somos héroes, tenemos que hacerlo juntos, entre todos.

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