Nuestro querido Sherlock

Mariano Castagneto

Las vueltas de la vida quisieron que fuese un médico, Arthur Conan Doyle, quien fuera el creador del detective más famoso de la literatura mundial, Sherlock Holmes.

Conan Doyle nació en mayo de 1859 en Edimburgo, Escocia. Hijo de un padre alcohólico y depresivo, y una madre de origen irlandés entregada por entero a su familia, el futuro escritor tuvo una infancia difícil y aleccionadora. Nada fue sencillo para él. Su fuerza, su vitalidad y su bondad fueron determinantes en su exitosa carrera literaria.

Con el apoyo económico de algunos de sus tíos, Arthur estudió en prestigiosas instituciones académicas vinculadas con los jesuitas. Luego, se licenció de médico en la Universidad de Edimburgo, donde conoció a quien sería su inspiración para su detective Holmes: el profesor Joseph Bell, un médico forense con una impresionante capacidad de deducción y análisis. Ya con la consagración de su personaje literario, Conan Doyle le escribirá a su querido profesor: “Sin duda es a usted al que le debo el personaje de Sherlock Holmes. Alrededor de la deducción y observación que he oído que usted inculca he tratado de construir un hombre”.

Su vida de letras comenzó con pequeños relatos que escribió en tiempos de ocio y de estudio, a la vez que colaboraba con pequeños artículos médicos para revistas especializadas. Ya médico, quiso tener su propia clínica y junto con un amigo, intentaron la riesgosa aventura. Todo funciono mal, la relación de amistad se arruinó y Conan Doyle decidió mudarse a Londres para ejercer la profesión en su propio consultorio. Allí, mientras pasaba tardes enteras sin ver siquiera a un solo paciente, terminó de escribir lo que fue su primera novela, protagonizada por Sherlock Holmes: “Estudio en escarlata”.

William Sherlock Scott Holmes – su nombre completo – le insumía mucho tiempo mental a su autor. El detective le dio popularidad, fama, dinero, prestigio. Pero le quitó tiempo para muchas otras cosas de su vida. Y en una decisión tan audaz como equivocada, mató a Holmes en su relato “El problema final”. Fueron tantas las cartas, pedidos e insultos que recibió de parte de sus lectores de todo el mundo por el trágico y precipitado final de Holmes, que decidió, tiempo después, devolverlo a la vida en su relato “La casa vacía”.

Conan Doyle se casó dos veces y tuvo cinco hijos. Dos de ellos murieron jóvenes. La dolorosa pérdida de su primera esposa enferma de tuberculosis, la muerte de sus hijos en penosas circunstancias y la desaparición de muchos de sus familiares en un breve lapso de tiempo, sumieron a Conan Doyle en profundas depresiones y angustias. Fue entonces cuando estrechó vínculos con el espiritismo, con la esperanza de volver a encontrarse y hablar con aquellos a quienes había perdido. Fue miembro de la Unión Nacional de Espiritistas e incluso escribió una extensa obra en 1926 titulada “La historia del espiritismo”. Estas ideas lo enfrentaron con uno de sus grandes amigos, el famoso ilusionista Harry Houdini, empeñado durante los últimos años de su vida en desenmascarar a los farsantes que se aprovechaban del dolor de la gente para lucrar con ello. Arthur diría con el paso del tiempo que “de todos los fantasmas, los fantasmas de nuestros antiguos amores son los peores”.

Fue un excelente deportista. Era un hombre que descollaba por su vigor, fortaleza y constancia. Se destacó en rugby, fútbol, boxeo y golf. Cuando se instaló en Portsmouth, Inglaterra, jugó en el equipo de fútbol de la ciudad y se convirtió en el primer guardameta oficial del club. Además, fue uno de los primeros que introdujo el esquí en el Reino Unido.

A sus 55 años se alistó para combatir durante la Primera Guerra Mundial, argumentando que tenía una gran voz y fortaleza, que serían de suma utilidad para su país. Lógicamente, fue rechazado por los altos mandos, pero no por ello dejó de colaborar activamente por las causas nacionales. Amante de la historia y de los viajes, escribió su obra más extensa años antes de la contienda, titulada “La guerra de los Boers”.

La propia Agatha Christie reconoció en su “Autobiografía”, que jamás disfrutó tanto la lectura de una obra como la de Conan Doyle y su detective Holmes. La dirección del domicilio de su personaje de ficción, 221 B Baker Street, en Londres, es actualmente propiedad de una empresa, donde funciona un museo en honor al famoso detective. Aún hoy siguen llegando las cartas que los fieles seguidores y fanáticos le escriben ilusionados a su ser de ficción.

Conan Doyle jamás recibió en vida ni un solo premio por su destacada labor literaria. Sin embargo, Sherlock Holmes es el personaje de ficción sobre el que más películas se han rodado – más de 120 – superando a otro destacado protagonista de la literatura moderna como Auguste Dupin, creación de Edgar Allan Poe. Su característico “Elemental mi querido Watson” no aparece en ninguna línea de la obra de Conan Doyle, sino que fue una frase que acuñó el actor Basil Rathbone en las películas que protagonizó cuando le dio vida a Holmes. Y la “pipa meerschaum”, tan característica en los dibujos e imágenes que acompañan al detective, apareció por primera vez en una representación teatral en 1920.

Arthur era un ser respetuoso y muy querido: “He aprendido a no ridiculizar nunca la opinión de nadie por extraña que me pueda parecer”. Escritor, trabajador y viajante infatigable, escribió su última obra un año antes de morir. “The Maracot Deep and other stories” es un conjunto de frescos relatos creados por una pluma ya madura, vital pero cansada. Tiempo después de su muerte, su hijo menor Adrian Conan Doyle recuperó manuscritos inconclusos de su padre y junto con la colaboración de otro cosagrado escritor, John Dickson Carr, publicaron obras inéditas de Sir Arthur, que había recibido ese título en 1902.

Su corazón dijo basta un 7 de julio de 1930. Mientras contemplaba a través de su ventana un hermoso jardín lleno de pájaros y flores, sentado en su sillón preferido, a sus 71 años se despidió plácidamente de este mundo, con una sonrisa dibujada en sus labios y regalándole a su mujer sus últimas palabras: “eres hermosa”. Recordado para siempre, en su tumba se lee: “Sir Arthur Conan Doyle: temple de acero, rectitud de espada, caballero, patriota, médico y hombre de letras”.

 

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