Pirata

Nancho Novo

Parece que Lance Amstrong se derrumba ante los focos y canta.
Nunca me cayó bien ese tipo. Por prepotente, chulo y capo. Que se drogaba, lo daba por supuesto. Y no es por eso que me cae mal, faltaría más. A ver quién tira la primera piedra…
Buscando por ahí, encontré una cosa que escribí cuando pillaron a Pantani (aquél sí me caía bien). Os la paso. Igual estoy un poco vago para escribir algo nuevo; o, simplemente, me gusta y quiero compartirla con vosotros, quienes estéis ahí, si es que ahí hay alguien…

PIRATA

Te cazaron, pirata, cuando saqueabas puertos de montaña sin dejar prisioneros. Acabarás colgado del sobrejuanete del palo mayor porque las leyes así lo dictan. Da lo mismo que hayas acumulado botines y tesoros para mayor gloria de los gobernantes y los habitantes de tu país. Caíste, pirata, y tu nombre, hasta ahora loado y bendecido, será maldito para muchos.

A los que te veíamos ascender majestuoso por encima de las nubes alpinas, compitiendo con las águilas, retando al viento, a los que envidiábamos tu fuerza, tu estilo y tu pundonor de campeón nos queda la esperanza de que los tiburones no te devoren y volvamos a ser partícipes de tus abordajes.

Pasarás de la historia a la leyenda. Serás protagonista de relatos que serán mil y una veces contados, mil y una veces mal contados, por todos los filibusteros que se dejen caer por las tabernas de La Española o de La Tortuga.

Compartirás podio con El Bravo Ulises, que también fue pirata. Y con Hawkins y con Drake. Y con Leclerc, aquel francés que tenía una pata de palo. Ellos también luchaban contra El Español.

¿Sabes una cosa? Si le hicieran antidoping o alcoholemia a más de uno de los que te apresaron, a más de uno de nosotros, la mayoría seríamos pillados in fraganti y, a lo mejor, dejábamos de señalarnos con el dedo unos a otros.

No sé hasta qué punto, los que te seguimos desde casa, cómodamente arrellanados en un sillón, con un café y un pitillo en las manos, esperando ver de ti, cada día, una exhibición, somos culpables de tu desdicha.

Los espectadores somos voraces aves de rapiña, queremos que nos alimenten de proezas, de emociones, de sufrimiento y gloria. Necesitamos ver en nuestros ídolos las gestas que nosotros, en nuestra medianía, nunca alcanzaríamos. Y los medios, que viven a nuestra costa y a costa vuestra, se aprovechan y os incitan. Y nos azuzan para que rujamos, exigiéndoos más y más a vosotros, que sois los gladiadores de un circo tomado por la publicidad.

Necesitamos ver toreros ensangrentando la arena. Necesitamos ver cantantes de Rock’n’Roll muertos por sobredosis, necesitamos ver deportistas al borde del desfallecimiento para colmar nuestra sed de leyendas, para poder seguir soñando con gestas aunque sean ajenas; nosotros nos encargamos de hacerlas nuestras.

Y necesitamos ver piratas colgados de los pulgares, profetas crucificados, artistas olvidados, gentes desterradas, países devastados y niños muertos de hambre, para compadecernos de ellos y sentirnos más buenos.

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