Teatro del Miedo

Enrique R. del Portal

Hace unas semanas, en el post Sangre artificial, os contaba mi pasión por el cine de terror, que lógicamente se extiende a todo lo relacionado con el miedo y el misterio. Así que no os extrañará que cuando era un chaval, envidiase a los jóvenes anglosajones que celebraban el 31 de octubre y hacían gala de toda esa iconografía a medio camino entre lo tétrico y lo naif que impregna la fiesta de Halloween.

Ahora que está terminando de arraigar esta costumbre en España, resulta que me pilla un poco perezoso o, digámoslo abiertamente, un pelín mayor, para andar disfrazándome de Freddy Krueger, Demonio del Averno u Hombre Invisible, pero me encanta ver como lo hacen los más jóvenes y animados, y me resulta tremendamente divertido, ayudar a mis sobrinos, que disfrutan asustándonos con sus disfraces pavorosos y sus maquillajes sangrientos. Así que para participar de este teatro del miedo, compartí con mis conocidos de las redes sociales, un par de fotografías que aludían a mi gusto por las calaveras y las acompañé con mis deseos de pesadillas para todos.

Algunos respondieron con una broma parecida, otros con un susto virtual, y muchos no le prestaron ninguna atención. Pero hubo uno en particular, que respondió compartiendo conmigo un escrito en el que se advertía de los graves peligros que conlleva celebrar Halloween, aludiendo a su naturaleza esotérica, mezclando datos históricos con otros que no tanto, y citando de forma salvadora pasajes de la Biblia. Le respondí, en tono conciliador, que aunque no compartía sus creencias y opiniones (ya sabéis que no creo en ningún dios, ni en la trascendencia, ni comparto una percepción mágica del mundo) eso podía dar lugar a un interesante debate, que en apenas tres frases se vio truncado por el ataque de furia y soberbia que sufrió mi contertulio, cuando le iba intentando rebatir su exposición, y especialmente cuando aludí a su prejuicio, dado por su fe religiosa. ¡Para qué quieres más! Resulta que me había permitido el lujo de juzgarle y ofenderle por sus creencias, cuando él había comenzado espetándome lindezas como que yo no apreciaba ninguna moral (por el hecho de no ser creyente) o insinuando que los que celebran Halloween son en mayor o menor medida adeptos a la brujería y potenciales adoradores de Satán (en el que tampoco creo) dispuestos a sacrificar inocentes niñas vírgenes.

Para los que no lo sepan pongámonos en antecedentes: Halloween es una fiesta, sobre todo arraigada en el mundo anglosajón de mano de los irlandeses, que proviene del Sanhaim celta y el Calan Gaeaf britano, fiestas de finales de octubre, en las que se celebraba el comienzo del año, se hacía recuento de las existencias para el invierno, y se homenajeaba a los ancestros, ahuyentando a los malos espíritus y atrayendo a los buenos, ya que consideraban que en esta fecha, la frontera entre los dos mundos se debilitaba. Más adelante está fiesta se mezcló con la de la cosecha en honor a Pomona que celebraban los romanos en las mismas fechas. Y en los siglos VIII y IX los católicos trasladaron la festividad de Todos los Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre para asimilar la fiesta pagana.

Es innegable el carácter mágico que tendría esta fiesta originalmente, y no es nada extraño, que los grupos de cultos más oscuros, se hayan desviado hasta el punto de realizar sacrificios humanos o cualquier otra tropelía. No me sorprende lo ignorante y salvaje que puede llegar a ser el hombre. Pero tampoco deja de sorprenderme la actitud de ciertos sectores de la iglesia católica, y de muchos de sus adeptos. Estamos viviendo una época convulsa, extraña, es cierto, y tenemos que reconocer que algunos valores se han perdido, pero parece que quisieran recuperarlos y afianzarlos restaurando normas y estructuras más propias de la edad media que del siglo XXI.

Y cuando hablan de conocimiento e iluminación frente a lo esotérico, de luz frente a la oscuridad, parecen olvidar que desde siempre, la iglesia católica, y la práctica totalidad de religiones, no han tenido ningún rubor en practicar los más brutales métodos para mantener la pureza de sus cultos. Que han sacrificado al menos miles de personas por razones únicamente de conciencia, y que no han tenido tampoco ningún escrúpulo en oponerse los innumerables avances y conocimientos que hacían mejor la vida del ser humano. Pero creo, desde mi punto de vista, que lo peor de ese pensamiento mágico y fanático, de los fundamentalismos religiosos, es la constante obsesión de buscar demonios, tentaciones, pecados, pesadillas y tabús para aterrorizar a las personas hasta el punto de inmovilizarlas, de despojarlas de un pensamiento crítico y crear individuos fáciles de manipular y que no objeten principios y órdenes descabellados. En el cuerpo humano, en los comportamientos sexuales no reconocidos por ellos como aptos, en el amor entre personas del mismo sexo, en el libre-pensamiento, en la división necesaria entre estado e iglesia, y tantas, tantas cosas más. Todo son amenazas.

También aducía mi creyente interlocutor, que la fiesta en cuestión era una colonización cultural, una invasión de una fiesta que no nos pertenece. Algo en lo que en principio estaríamos de acuerdo, pero le recordé la cantidad de fiestas que se traspasan de una cultura a otra, y que sólo es una cuestión de tiempo el que se identifiquen como propias. Le recordé la cantidad de festividades que los católicos han heredado; que es una religión eminentemente sincrética, aunque en verdad todas lo son. Cité por ejemplo, que la fiesta del nacimiento de Cristo, es heredada de Roma, y que es la celebración del Sol Invictus, que veneraba al sol renacido. O el Día de Reyes, que se instaura el día de la celebración del nacimiento del tiempo, Aión, de los antiguos helenos. Incluso la fiesta sobre la que debatíamos, tiene su correspondiente versión cristiana, como os indicaba al inicio del post, la Fiesta de Todos los Santos. Por cierto, se me olvidó preguntarle si celebra el día de los enamorados.

Pero con todo esto no hice sino empeorar la situación y el humor de mi creyente amigo, que se sintió extremadamente ofendido por mis argumentos, que el consideró un ataque abierto y formal. He de reconocer que ya no sé cómo hablar con algunos conocidos sobre este tema. Casi siempre que argumentas en contra de una creencia religiosa te pones en una situación de atacante intransigente, víctima de la moda laicista que está devastando Europa. Laicismo, otro demonio que aterroriza las conciencias católicas. Ya huelo el azufre en casa.

Me reconozco admirador de la figura del Papa Francisco I, aunque no crea en su dios, su mensaje parece conciliador, honesto y lleno de bondad. Y si es cierto lo que parece ser una ráfaga de nuevos vientos para la momificada institución vaticana, no le va a ser nada fácil romper la inercia de los últimos 2000 años. Ya se están oyendo voces discordantes en su propia iglesia. Esperemos que la historia no se repita, y no decidan acabar limpiamente con esta nueva amenaza de lo establecido.

Ahora que lo pienso, esta curiosa anécdota, podía haber dado pié, no a este post, sino a un buen relato de miedo, en el que un espíritu demoníaco poseyera a un incauto usuario de facebook por compartir la imagen de una sonriente calabaza… Todo se andará.

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