Travesuras de la niña Cosette

Enrique R. del Portal

You promised me the ending would be clear
you’d let me know when the time was now
don’t let me know when you’re opening the door
stab me in the dark, let me disappear…

David Bowie – bring me the disco king-

Querida Cosette;
Me es terriblemente difícil decir este adiós, pero necesito aclarar algunos puntos antes de nuestra separación, que esta vez intuyo para siempre. No se trata de reprocharnos nada, al menos yo no tengo ninguna queja de ti. Pero si me gustaría que me explicases ciertas cosas, que por torpeza mía, no entiendo.

Nos conocimos allá por 1991, ¿te acuerdas? Yo supe de ti, primero por la prensa, tú ya eras famosa entonces. Pero la novedad es que venías a España, y eso no era muy habitual. Una estrella como tú, que paseaba por West End y Broadway, llegaba a Madrid. Nos presentó Mª Luisa Castellanos, maestra de canto de la compañía de José Tamayo, que me habló de ti mientras yo cantaba “La del Manojo de Rosas” en el Teatro de la Zarzuela. Y sin pensarlo dos veces acudí a nuestra primera cita, en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid.

La primera impresión fue buena; te canté aquella “Canción del Pueblo” que tanta fuerza tenía, y “El Café ABC”, y me pareció gustarte. Creó que fue así, pues tuvimos un bonito romance de casi dos años, desde agosto de 1992 a marzo de 1994. Vivimos momentos estupendos, que no olvidaré nunca. Me gustaría pensar que alguno fue bueno también para ti.

Por alguna razón que no conozco, rompiste de golpe conmigo. Aún recuerdo aquella llamada, una mañana de marzo, en la que me dijiste textualmente, que no volveríamos a vernos. Fue traumático. Me encontraba con los amigos y compañeros, y ninguno entendía aquella situación. Pero la vida siguió, y aunque te extrañé mucho y siempre pensaba en ti, tuve fuerza y continué adelante. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Muchos años después, casi 20, en 2010, escuché rumores de que volvías. Y me sentí feliz, aunque no sabía si querrías volver a verme. Y quisiste. Me llamó alguien de la oficina de Stage, la empresa que te trajo esta segunda vez a España, para decirme que querías hablar conmigo, y ver si podíamos volver. ¡Qué inmensa alegría sentí! Era un sueño hecho realidad. Aunque desde el principio me dijiste que no estarías mucho tiempo. Pero yo prefería estar ese poco que pudiera contigo a no volver a verte, o verte con otro. Y volviste a mirarme de cerca, y a darme felicidad. Y yo volví a cantarte, ahora en el Mesón, con otra piel. Aquellos ocho meses que estuvimos juntos, otra vez en Madrid, pasaron tan deprisa, que me parecieron un instante. Terminando aquellos días, me ofreciste irme contigo a Barcelona, sin saber hasta cuándo. Sin fecha prevista. Sin planes… El amor perfecto. Y volví a caer. Estuvimos juntos algo menos de seis meses, y volviste a fallarme, a desaparecer de pronto. A volar.

Esta vez fue más duro que la primera, y me costó trabajo reponerme, pero ya sabemos que la vida es así, y siempre tenemos que mirar al futuro. Aunque ahora, se me había quedado un pedacito de corazón enredado en tu pelo mecido por el viento, como en la imagen que te ha hecho popular en todo el mundo.

Terminamos poco antes del verano de 2012, y en septiembre volví a oír hablar de ti. Volvías, o no te habías ido, y empezarías a viajar por toda España, y ¿Querrías que estuviese otra vez contigo?

Yo, por supuesto, sí quería. Amores como este no son racionales, y estaba dispuesto a volver. Volver… Con todo lo que esto significaba.

Has estado casi un año dándome esquinazo. Intentaba hablar contigo, y no querías. Pero no me decías que no. Un extraño juego de amante, en el que yo era una maraña de pelusa y tú un gato travieso. Y yo me dejaba hacer, en el fondo pensando que volverías conmigo. Pero llegó el momento terrible de volver a mirarte a los ojos, en el que me dijiste aquel no tan frio y tan duro, que me tiene hasta hoy, con el alma congelada.

Ahora te vas, creo que para siempre, y has escogido a otro. No te lo reprocho, pero entiende que me duela, y que necesite decírtelo, no como queja, sino porque me parece la forma más sincera y limpia de despedirme. Aunque no entiendo por qué siempre me has tratado tan mal. Quizá yo creía conocerte… y resulta que eres así. O yo no entendía la verdadera naturaleza de nuestra relación, porque es verdad que nunca me prometiste nada, así que nada me debías.

No me malinterpretes; no estoy auto compadeciéndome ni intentando causarte lástima, o que te sientas culpable. Nada de eso. Sólo es que necesitaba expresarlo de alguna forma, dejarlo plasmado. También yo debería confesar, aunque de sobra lo sabes, que no fuiste la única que hubo en mi vida, aunque sí la más importante.

Sé que te irá bien, posiblemente mejor de lo que te fue conmigo, y de verdad que me alegro. Volverás a triunfar y llevarás tu bandera tricolor muy alta, aunque otros la enarbolen. Yo seguiré con mi vida, y seguro que pronto sonreiré de nuevo; ya lo estoy haciendo, pensando en los buenos momentos que vas a dar a tanta gente.

No puedo terminar sin darte las gracias. Sí, porque aunque no me hayas querido como yo a ti (reconoce al menos, que nunca has sabido despedirte en condiciones), me has regalado algunos de los momentos más importantes de mi vida. Y eso es lo que vale.

No te digo que seremos buenos amigos, porque sabes que no podemos. Es demasiado el amor que te tengo como para verte en brazos de otro. Pero te recordaré con cariño, sin nada de rencor. Deseando lo mejor para tu nueva estancia en España, y para todos los que esta vez estén contigo.

Ahora estoy mirando al frente, un poco más calmado. Puedes marcharte tranquila.

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