Una invitación al señor Bru de Sala

Terminamos. "Los Miserables" se va de Madrid y aterrizará en Barcelona el próximo mes de septiembre. Mucho ha cambiado las vidas de cuantos hemos participado en el montaje. Particularmente, en mi caso, no creo que nunca me hubiese arrancado a leer la vasta novela de Víctor Hugo de no haber sido por la necesidad de desentrañar hasta los más mínimos detalles la personalidad y el carácter de mi personaje, Javert, y no precisamente por no tener afición a la lectura, que la tengo y mucha, sino porque, sencillamente, esta maravillosa novela no se había cruzado en mi camino. Para mí, pues, sin duda, lo más valioso de este año ha sido la lectura de este libro, donde queda tan bien dibujada y en sus más variadas formas, el alma humana, donde queda plasmada con claridad una época convulsa llena de cambios, de cuyas repercusiones somos aún testigos en nuestros días y en donde se narra una de las mejores historias y más emocionantes de cuantas haya leído un servidor.

Todo esto me ha ayudado muchísimo en estos casi diez meses de funciones y ensayos para comprender el tono que debía mantener en cada escena. Así se cierra una época en la vida de cuantos participamos en este montaje, pero se abre otra: Barcelona.

¿Qué nos deparará Barcelona?
Nadie lo sabe. A mí me gustaría que mis paisanos nos recibieran como lo ha hecho el público madrileño. Pero hay algo que me ha hecho pensar que tal vez el camino de "Los Miserables" va a ser algo más dificultoso que el recorrido hasta ahora en la capital. Sé que se nos va a mirar con lupa después del éxito logrado en nuestra primera temporada en Madrid, siempre ocurre y ese algo del que hablo y que me ha sorprendido, es la opinión de alguien a quien siempre he admirado, Xavier Bru de Sala.

En un programa matinal en Catalunya Radio, el genial escritor, dramaturgo, poeta y articulista, autor entre otras perlas de, para mí, la más bella versión de "Cyrano de Bergerac" de Edmond Rostand o de la preciosa adaptación al teatro de la obra de Àngel Guimerà, "Mar i Cel", musical de Dagoll Dagom, cimiento indiscutible del éxito del que goza hoy en día el género musical en España, ha declarado de una forma más bien frívola, que para él "Los Míserables" es algo así como la Virgen de Lourdes, a la que todo el mundo acude (yo no, desde luego) en peregrinación y que después de vista, la sensación de TODOS los peregrinos (llámese espectadores) es la de "¿Ya está?¿Sólo era esto?" rematando su exposición con un “no hay para tanto”.

Por supuesto respeto la opinión de tan brillante artista. Si las tres veces que dice haber visto "Los Miserables" se ha aburrido, sus razones tendrá y sin duda de peso, pero debo discrepar de la desafortunada comparación que hace entre el musical "Los Miserables" y la Virgen de Lourdes. Discrepo, pues como actor puedo comprobar, noche tras noche, cómo el público vibra al finalizar cada solo o numero coral y cómo explota con una exaltación de júbilo, como nunca antes había visto en un teatro, y montajes he hecho unos cuantos.

Llegado este punto me gustaría preguntarle al señor Bru de Sala, cuántos de los 57 millones de espectadores que han visto en todo el mundo "Los Miserables" en veinticinco años, (no treinta como dijo el contertulio "experto" en musicales al que también le resultaba esta obra aburrida) considera que se han quedado indiferentes como él después de haber visto el show. Así lo asegura el brillante dramaturgo: que TODOS cuantos van a ver esta obra se quedan indiferentes, como si no hubieran visto nada.

Y yo pienso que esto podría deberse a dos supuestos. El primero, que sea cierto, como dice el señor Bru de Sala, que este espectáculo deja indiferente al que lo ve. El segundo, que su estado de aburrimiento lo hiciese extensible a todos los que le rodeaban, pues ese mismo estado de apatía (o antipatía, según se mire) le anulara en aquel momento parte de su indudable percepción . Ese es un mal muy común y en el que es fácil caer, pero que es ciertamente extraño e inapropiado para alguien de la inteligencia del señor Bru de Sala. Lo podríamos llamar el síndrome de "lo que a mí no me gusta no le gusta a nadie".

Cabría aquí un tercer supuesto: que cansado de las comparaciones que muchos hacían entre “Les Miserables” y “Mar i Cel”, haya optado directamente por quererse desmarcar de todos aquellos espectadores que, en su “ignorancia”, han hecho que “Los Miserables” se haya convertido en el musical más emblemático de todos los tiempos. Así presentarse ante la opinión pública como detractor de aquello que a la mayoría agrada es mostrarse a sí mismo como un entendido en la materia y de paso así, también, puede negar cualquier similitud o influencia sobre el magistral e histórico “Mar i Cel”.

Debo decir que me extraña esta actitud en alguien tan culto y en general tan afinado en sus opiniones. Yo creo que tanta, tanta gente (57 millones de espectadores en veinticinco años) no puede estar equivocada.

Un último apunte. El señor Bru de Sala también afirma rotundamente que no piensa ir a ver la nueva versión de “Los Miserables”. Concretamente dice "¿para qué? una vez visto ya…". A la vez, en cambio, sí que ensalza la escenografía de la primera versión y cómo ésta se utilizaba en el montaje, incluso llega decir que en ese concepto, innovador en la época, se basó Dagoll Dagom para la creación del espacio escénico de “Mar i Cel” (luego algo sí que influyó).

Es una lástima que no quiera ver el montaje de “Los Miserables” que llegará en Septiembre a Barcelona. Principalmente porque se trata de una nueva versión, mucho más ágil que la anterior, con una escenografía que funciona como una maquina perfecta, con el elemento innovador de unas proyecciones, dibujos agunos creados por el mismo Víctor Hugo, como parte de la escenografía, lo que dota de más dramatismo y veracidad a cada escena, con arreglos musicales que aligeran la partitura sin perder ni un ápice de la maravillosa música que Claude- Michel Schönberg creó y con un trabajo de dirección de altura. Es posible que si se acercara a ver el nuevo montaje, aunque le resultase aburrido, encontrara alguna inspiración para alguno de los montajes en los que participe en el futuro, como así le ocurriera en su día con "Mar i Cel".

Claro que yo estoy dentro y a lo mejor no soy imparcial pero prefiero quedarme con la imagen de tantos y tantos espectadores que cada día, en Madrid, me cuentan lo emocionados que están después de haber visto el show, en especial uno de ellos, Mario Vargas Llosa, al que considero el mejor escritor en lengua española (en mi modesta opinión, por supuesto), premio nobel, autor de un extenso e interesantísimo trabajo sobre la novela de Víctor Hugo y que no tuvo ni un solo reparo en mostrar su emoción al terminar la representación y dedicarnos unas cariñosas y reconfortantes palabras de apoyo a nuestro trabajo, declarándose estupefacto ante lo que acababa de ver.

Señor Bru de Sala, si se lo piensa mejor, yo le invitaré con mucho gusto, ya que reitero aquí mi admiración por su obra y siempre es gustoso mostrar el trabajo de uno a alguien al que respetas y admiras.

Dicho esto, espero que en Barcelona, el exigente público que allí hay, no le haga mucho caso al señor Bru de Sala y nos dé una oportunidad para demostrar porqué este musical ha triunfado en todas las plazas donde ha estado, en especial nuestra producción, que hablando metafóricamente, ha arrasado en Madrid.

Y lo dicho, señor Xavier Bru de Sala, nada me gustaría más que invitarle a ver “Los Miserables” para intentar hacerle cambiar de opinión. Rectificar (también) es de sabios y usted lo es.

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